Se puede estar o no de acuerdo con las ideas de Filemón Escóbar, pero hay que reconocer la tozudez con que las defiende. Sin tapujos ni pelos en la lengua. A golpes, incluso. Por eso, nadie puede decir que “el Filipo” es reaccionario, oligarca u hombre de derecha o de la derecha. Hay que reconocerle, además, su larga experiencia de lucha sindical y política, casi siempre como actor más que como observador.
Parece oportuno por eso que haya escrito De la revolución al Pachakuti para plantear “el aprendizaje del respeto recíproco entre blancos e indianos”. Sobre todo en estos tiempos en los que el cambio más visible es el creciente aliento al enfrentamiento inútil como arma principal en la lucha política.
En síntesis, lo que Filemón plantea es evitar la confrontación mediante “un Pachakuti democrático” que posibilite la complementación entre “los blancos y los indianos” a partir del respeto recíproco “que abre un espacio enorme para la complementariedad de opuestos… tiene que haber un equilibrio. En el caso de Bolivia, dice, no hay oriente sin occidente y no hay occidente sin oriente”.
Su propuesta nace de los tantos intentos de cambio frustrados por el afán de enfrentamiento que muestran que casi siempre “la izquierda le abrió la puerta a la derecha”. Ahí está la revolución del 52 que, movimientos sociales mediante, derivó en el 64 en el pacto militar-campesino de René Barrientos. Está después la Asamblea Popular que, sin querer queriendo, generó las condiciones de “caos y anarquía” con que se justificó el golpe de Hugo Banzer contra Juan José Torres. Y la más reciente, en el 85, cuando Siles Zuazo entregó el gobierno a Víctor Paz porque en el 84 las organizaciones sociales decidieron pisar el acelerador bajo la consigna “ni reformismo ni fascismo”.
Tiene sentido el planteamiento de Filemón. Pero hay que tener en cuenta que acción política y posición ideológica no dependen del color de la piel, sino de intereses económicos o de grupo. La lucha es por el excedente, porque hay revolucionarios y reaccionarios entre “tharas” y entre “karas”, como en todas partes.
Al margen del tema, sin embargo, es altamente significativo el enojo con el que reaccionaron el presidente Morales y su entorno ante la reaparición de Filemón con su propuesta de “un tinku, no para aplastar al otro, sino para llegar a un equilibrio”.
*Juan León es periodista.
Como en los boleros
La verdad es que empecé a escribir esta columna recordando a Julio Iglesias, sin embargo, un par de comentarios de analistas televidentes, esos dijei de la ciencia política, me obligaron a enrumbar el teclado hacia el tema favorito de propios y extraños: la política en tiempos de cambio y desventura. Y, la política viene otra vez con fechas fatales.
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