Los cruceños fueron puestos en una muy dura prueba en las últimas semanas. El gobierno decidió poner en jaque a la industria que los cruceños construyeron poco a poco, grano a grano, durante muchas décadas. El orgullo de los cruceños, el complejo oleaginoso, fue bloqueado por el presidente Evo Morales.
La reacción de los cruceños fue muy civilizada. Sólo dijeron que la medida del gobierno era un error (como lo dije en esta columna también) y que perjudicaba a mucha gente, mucha más gente de la que podían caber en cuatro familias.
Esta reacción de los cruceños fue una gran prueba de bolivianidad que dio el departamento que es mirado con más recelo por parte del gobierno.
Para entender el tamaño del gesto habría que imaginar cómo reaccionarían otras regiones u otros sectores si se les prohibiera vender su producto estrella.
Si a los potosinos se les prohibiera exportar minerales quizá no quedaría país. Se les estaría quitando el oxígeno. Podrían hasta dudar de seguir perteneciendo a Bolivia, pues nadie quiere estar bajo el dominio de una autoridad tan sádica.
Mejor sería no recordar lo que pasó con el salitre de Atacama, cuando el Estado boliviano decidió solamente aplicar un impuesto. Toda la región pertenece ahora a otro país.
Pero hay otra situación, más reciente, que se dio con una medida similar. Fue una prohibición igualmente secante que se produjo en el país hace pocos años y causó gran conmoción política, que todavía perdura.
Fue Hugo Banzer quien decidió, hace menos de 10 años, prohibir la producción y por lo tanto la exportación de coca del Chapare. Todo el peso del Estado fue puesto para terminar con las plantaciones ilegales de coca, que lo son todas las del Chapare. La prohibición estuvo a punto de lograr su objetivo completo: en cierto momento sólo quedaban 600 hectáreas de coca en el Chapare. Se habían cortado las exportaciones. Fue cuando Bolivia se convirtió solamente en el territorio de paso de la droga peruana o colombiana. Cinco toneladas de cocaína llegaron a Arica desde Colombia por esos días, para que sean canalizadas a través de territorio boliviano.
¿Qué hizo entonces el sector afectado por esta acción del Estado que le prohibía exportar su producción? Armó la de San Quintín. Como no podía cambiar de país, porque está en el medio de Bolivia, decidió romper el país.
Contaba con un líder decidido a todo. Los más salvajes bloqueos de carretera se dieron entonces. El más largo duró 40 días. Varias empresas quebraron, sobre todo del sector transporte. Las exportaciones de Santa Cruz que salen por el occidente quedaron frenadas.
El sector cocalero del Chapare decidió dar guerra frontal al Estado boliviano que había osado prohibirle las exportaciones. No había nada que los cocaleros no estuvieran decididos a hacer para lograr sus propósitos. Un militar de las Fuerzas Armadas y su esposa fueron asesinados en el Chapare, como lo sabe muy bien la señora Silvia Lazarte. La guerra fue total.
A los tres años de declarada esa guerra, la democracia boliviana se derrumbó. Y todavía ahora vivimos la conmoción creada entonces.
Por lo tanto, hay que saber valorar la prueba de bolivianidad que dieron los cruceños en este episodio del bloqueo a las exportaciones de aceite comestible.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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