Recuerdan la frase “exportar o morir”, tan difundida y poco comprendida por quienes nunca han sobrellevado en sus espaldas las difíciles tareas de definir un producto, desarrollarlo, volverlo competitivo y lograr la acción titánica de buscar mercado y sobre todo mantenerlo?
Las exportaciones son parte de la demanda agregada y contribuyen de forma positiva al efecto multiplicador, mejorando así la producción nacional. Con esto se beneficia el empleo y, así, el nivel del bienestar general.
Es consecuente, por tanto, observar grandes beneficios laborales en todos los eslabones que conforman una cadena de algún bien exportable, en especial si tiene un alto valor agregado, es decir, que no sea simplemente una materia prima.
Quienes hemos estado en esta cancha, sabemos muy bien lo que nos toca jugar y que nadie en nuestro país —del lado gubernamental— nos ha ayudado verdadera y conscientemente a alcanzar este cometido (por lo menos, en la gran mayoría de los casos), que muchas veces toma años y muchos intentos y fracasos.
El exportador, que conoce la actividad productiva de su producto, no determina totalmente su estructura de costos, sino que esto se establece por el mercado interno y externo, así como por el precio final. Sobre todo, en el caso de bienes básicos como son la gran parte de los productos agrícolas y mineros.
Los precios finales deben contemplar aspectos que le permitirán al exportador subsistir, lo que significa invertir y prever y no morir en el intento, pues la competencia internacional es dura e implacable, no perdona caídas demasiado dramáticas.
Los gobiernos no otorgan ningún beneficio adicional o subvención a sus empresas exportadoras devolviendo los impuestos (en Bolivia, los CEDEIM). Esta devolución es un derecho del sector exportador y debe ser, en el país, una obligación gubernamental la de eliminar los sesgos antiexportadores (absolutos y relativos), que no permitan a los empresarios bolivianos competir, con productos legales, en el mercado externo. De no hacerlo, estaría dirigiendo los esfuerzos productivos hacia actividades de salida de productos prohibidas o hacia la importación.
*Azucena Villarroel es master en Comercio Internacional.
Una prueba muy dura
Los cruceños fueron puestos en una muy dura prueba en las últimas semanas. El gobierno decidió poner en jaque a la industria que los cruceños construyeron poco a poco, grano a grano, durante muchas décadas. El orgullo de los cruceños, el complejo oleaginoso, fue bloqueado por el presidente Evo Morales.
La benéfica brisa del espíritu
Aunque suene a triunfalismo, la verdad es que, cuando el Papa visita algún país, los demás sentimos con mayor fuerza la benéfica influencia que ejerce ese hombre, no tanto por lo que es como individuo, aunque reconocemos su gran calidad humana, espiritual e intelectual, sino por lo que representa, es decir, la cabeza de la Iglesia Católica y de sus valores espirituales, la influencia que ejerce sobre el ánimo de millones de fieles y el respeto que le otorga el mundo entero.
Adam Smith y el Pacha Kuti
El Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno, conocido también como el libro de los exorcismos, anunciaba el desmantelamiento del neoliberalismo y del neocolonialismo. Han pasado más de dos años de gobierno y muchas de las instituciones identificadas con el satanismo liberal, como las Superintendencias de Regulación Sectorial, continúan intactas aunque sin rumbo.
La Iglesia y los “esclavos” guaraníes
Una frase del Sr. Cardenal ha causado revuelo durante toda la semana. “Se nos habla de que hay lugares llenos de esclavos… Que nos muestren la verdad, que nos digan dónde los encontramos”.
Traseros irritados
El video más visto en Gran Bretaña la semana pasada carecía de título y desde el punto de vista técnico dejaba mucho que desear, pero, pese a ello, sedujo a una impresionante cantidad de ciudadanos británicos.