El Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno, conocido también como el libro de los exorcismos, anunciaba el desmantelamiento del neoliberalismo y del neocolonialismo. Han pasado más de dos años de gobierno y muchas de las instituciones identificadas con el satanismo liberal, como las Superintendencias de Regulación Sectorial, continúan intactas aunque sin rumbo. Sorprendentemente, en la semana que termina, el Gobierno presentó un decreto que busca promover la competencia; esta legislación, junto a una ley de gobiernos corporativos, fue fuertemente impulsada por el Banco Mundial como complemento esencial de las reformas neoliberales. Inclusive, existía un proyecto de ley de competencia que complementaba a la Ley del Sistema de Regulación Sectorial y las leyes sectoriales de hidrocarburos, electricidad, telecomunicaciones y transportes. Con el sistema de regulación en funcionamiento y el decreto de antimonopolios recién lanzado, la economía boliviana cuenta, en teoría, con los instrumentos para corregir fallas de mercado y beneficiarse plenamente de las virtudes de la mano invisible de Adam Smith. Los organismos internacionales tuvieron que esperar la llegada del Pacha Kuti para complementar estas reformas neoliberales y sin ninguna presión. Así que ahora, la regulación no está sola; ahora contamos con unas normas de antitrust, lo cual en principio no está mal, aunque muestra que los que pensaban exorcizar el demonio del neoliberalismo cambiaron de opinión muy rápidamente. Pero, ¿cuáles son las diferencias entre la regulación y la promoción de la competencia?
La existencia de fallas de mercado, sean éstas resultado de externalidades positivas o negativas, asimetrías en la información o poder monopólico, son las principales causas de las imperfecciones de un sistema de mercado. Concentrémonos en el problema de los monopolios y su control.
Una acción monopolística puede tener origen en la forma en que está estructurado un sector industrial (el monopolio natural es una forma particular de organización industrial) o en la conducta de una empresa que puede ser monopolística, inclusive, si actúa en un mercado competitivo. Los monopolios se controlan vía regulación y/o promoción de la competencia.
La regulación es un sistema que está exclusivamente dirigido a controlar monopolios naturales. Éstos surgen porque una única empresa puede ofrecer un bien a todo el mercado a un costo menor que dos o más empresas. La distribución de agua o electricidad son un ejemplo de este tipo de estructura de mercado. Monopolios naturales no regulados colocan precios abusivos y generan ineficiencia en la asignación de recursos en la economía. Es la mano negra de Adam Smith en acción.
En Bolivia, las leyes sectoriales regulan estos monopolios naturales. Entre los mecanismos más usados están: el precio tope con factor de eficiencia, que se aplica en telecomunicaciones (larga distancia, telefonía local, celulares, entre los más importantes) y tanto en la generación como distribución de electricidad, gas natural y aguas; y la tasa de retorno, que se usa en la transmisión de electricidad y el transporte de hidrocarburos.
Una política de promoción de competencia puede tener varios objetivos como la búsqueda de la eficiencia económica, la preservación de la libertad de emprendimiento y/o la protección del consumidor. Su alcance son todas las personas o empresas que interactúan en una economía. Es la promoción de la mano virtuosa de Adam Smith.
El uso abusivo de precios y otros comportamientos que atentan contra la competencia pueden presentarse en cualquier actividad económica. Aparentemente, el Gobierno se dio cuenta de este problema con el aumento de precios del aceite. Las concentraciones económicas, las barreras de entrada, la diferenciación de productos son acciones que generalmente responden a la forma en que está organizada la industria o sector. El vender casado (tying), uso predatorio de precios, el abuso de una posición dominante del mercado son prácticas reñidas con la competencia que se originan en la conducta de las empresas y pueden presentarse tanto en la venta de papas como en la comercialización de petróleo.
Regulación y promoción de la competencia son instrumentos complementarios pero dependen de que sus marcos legales e institucionales estén claramente definidos, lo cual no siempre es fácil, especialmente en ciertas actividades como hidrocarburos o electricidad, que pueden estar conectadas verticalmente. En el caso boliviano, la Ley Sirese tiene algunos artículos que le permiten actuar en el área de la competencia en los sectores mencionados.
El nuevo decreto de Competencia busca promover y regular mercados en las demás áreas de la economía, bancos, comercios, sector agropecuario e industrial, para mencionar los más importantes. Si bien conceptualmente el DS 29519 va en la dirección de consolidar las reformas neoliberales, queda la duda sobre la manera de aplicar esta norma. El decreto asigna esa competencia a la Superintendencia de Empresas y el Instituto Boliviano de Metrología (Ibmetro). Sin embargo, una denuncia de práctica anticompetitiva, sea hecha por el Estado o una empresa perjudicada, se la hace posterior al evento, por lo que se necesitan procesos administrativos y judiciales, que permitan a las partes presentar sus pruebas y descargos. Es decir, se necesita de una institucionalidad compleja y transparente que juzgue los casos de antitrust. Esperemos que en la reglamentación del decreto se muestre cómo serán los procesos. No vaya a ser que éste sea otro espasmo de política pública que nace al calor de la champa guerra política.
Una prueba muy dura
Los cruceños fueron puestos en una muy dura prueba en las últimas semanas. El gobierno decidió poner en jaque a la industria que los cruceños construyeron poco a poco, grano a grano, durante muchas décadas. El orgullo de los cruceños, el complejo oleaginoso, fue bloqueado por el presidente Evo Morales.
La benéfica brisa del espíritu
Aunque suene a triunfalismo, la verdad es que, cuando el Papa visita algún país, los demás sentimos con mayor fuerza la benéfica influencia que ejerce ese hombre, no tanto por lo que es como individuo, aunque reconocemos su gran calidad humana, espiritual e intelectual, sino por lo que representa, es decir, la cabeza de la Iglesia Católica y de sus valores espirituales, la influencia que ejerce sobre el ánimo de millones de fieles y el respeto que le otorga el mundo entero.
Cuando exportar es... morir
Recuerdan la frase “exportar o morir”, tan difundida y poco comprendida por quienes nunca han sobrellevado en sus espaldas las difíciles tareas de definir un producto, desarrollarlo, volverlo competitivo y lograr la acción titánica de buscar mercado y sobre todo mantenerlo?
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Una frase del Sr. Cardenal ha causado revuelo durante toda la semana. “Se nos habla de que hay lugares llenos de esclavos… Que nos muestren la verdad, que nos digan dónde los encontramos”.
Traseros irritados
El video más visto en Gran Bretaña la semana pasada carecía de título y desde el punto de vista técnico dejaba mucho que desear, pero, pese a ello, sedujo a una impresionante cantidad de ciudadanos británicos.