“Darse a los demás” es un principio de los budistas en La Paz, un grupo que se dice feliz haciendo feliz al resto de las personas.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Miguel Carrasco
Hace una década, Fernando Antuña Cortez (48 años) se sentía vacío. Su primer acercamiento al budismo le llenó el alma y ahora la felicidad cambió su vida. “Somos felices cuando ayudamos a los demás”.
Al ingresar al monasterio de la Asociación de Budismo Tibetano Sakya Tashi Ling, en la calle Alfredo Ascarrunz de la zona de Sopocachi, la calma que transmiten los budistas bolivianos penetra por los cinco sentidos. La organización funciona hace 10 años y el 2007 consiguió el Registro Nacional de Culto y tiene el aval del Ministerio de Relaciones Exteriores.
“Somos personas normales al servicio de los demás, el desarrollo del amor y la compasión hacia todos los seres es base de nuestra filosofía y nuestro deseo es que acabe el sufrimiento de todos”, explica Antuña Cortez, presidente de esta asociación. La entidad agrupa a 20 miembros, pero los cursos de meditación que organizan son seguidos por más de 200 personas. En La Paz, siete son los más antiguos de la asociación: Fernando Antuña Cortez, Erick Butrón, Dino Palacios, Ana María Núñez, Teresa Quezada, Adhemar Guzmán y Rafael de la Fuente.
¿Budistas en Bolivia?
Hace 2.500 años, Siddhartha Gautama alcanzó un estado de plenitud al que llamó iluminación y desde esa etapa, la felicidad. Rafael de la Fuente (38) también busca aquello. A sus 16 años leyó los primeros textos sobre Buda, pero fue en 1999, cuando conoció al venerable Lama Jamyang Tashi Dorje Rinpoché, que se inició.
¿Un budista en Bolivia?, “Esta es una forma de vida, no hace hincapié en la región. Mi maestro es de España, donde quizás hay una mayoría de católicos, por eso no es importante la región”.
Rafael, ingeniero civil de profesión, cree que el budismo “es más un trabajo personal” y evita una respuesta sobre lo que le hace feliz. “Justamente estoy en eso, en búsqueda de la felicidad”.
Los budistas toman refugio en las tres gemas: budas (quienes han alcanzado el Nirvana), sangha (budistas) y dharma (la verdad de la realidad; en este caso las enseñanzas del budismo). Esta práctica tiene además tres vehículos de comunicación y uno de ellos es el vjrayana, camino que conduce a la felicidad, la vertiente que busca desarrollar la Asociación de Budismo Tibetano en Bolivia.
Para ello, la meditación es una técnica que permite ponerse en contacto con la mente y, una vez en ese estado, dinamizar las tendencias positivas, además permite relajar la mente, vencer las dolencias asociadas al estrés, supera el dolor muscular, las enfermedades cardíacas y las jaquecas derivadas por la tensión.
En el gompa, o monasterio en idioma tibetano, los seguidores entran sin zapatos al sitio de 25 metros de largo por siete de ancho, se arrodillan tres veces ante el maestro, que se ubica al centro, y luego cada uno le hace una ofrenda.
En el centro de budistas, Rafael y los practicantes realizan rituales a diferentes deidades, una de ellas es Chenrezyg o Buda de la compasión; además cada miembro efectúa una ceremonia individual mediante sadhanas (oraciones).
En el ritual de Chenrezyg, el Lama es flanqueado por dos mesas donde pequeños platillos de metal son llenados con agua, velas, incienso, perfume, comida y flores. Así se inicia la meditación, que se puede hacer con o sin música tibetana de fondo. Los fieles repiten mantras, frases místicas dichas en lengua tibetana. La meditación puede durar cinco minutos, media hora e incluso meses, como hacen los monjes dedicados al budismo.
Hay que darse a los demás
En situaciones extremas se puede alcanzar el bienestar. De esa idea es el venerable Lama Dorje Dondrub (41), discípulo del venerable Lama Jamyang Dorje Rinpoché, que estuvo de visita en La Paz. Asegura que hay que darse a los demás para sentir la felicidad. “No creas que en la comodidad y el confort está la felicidad. La auténtica está en darte a los demás. En los momentos en que hay necesidades es más fácil compartir”.
El presidente de la asociación, Fernando Antuña Cortez, continúa también en la búsqueda de la dicha, pero además disfruta de cada momento de la vida, como aquel en que la gente agradece por los cursos de meditación. “Imagínese la energía que se debe poner en movimiento para que el Maestro (Dorje Dondrub) venga a Bolivia y al final el público acaba feliz, preguntan por él desde otras ciudades y eso nos hace felices”.
Antuña Cortez no duda. “Uno encuentra la felicidad cuando se desprende de todo lo negativo y cuando los demás son felices, nosotros también lo somos”.
La búsqueda del maestro
En el budismo, el practicante debe buscar a su maestro. Dino Palacios (40), licenciado en filosofía y con conocimientos de sicología, empezó a explorar esta religión a sus 15 años. Sin embargo, fue tras una conferencia del venerable Lama Jamyang Tashi Dorje Rinpoché en La Paz y después de la iniciación que sintió la necesidad de pedir al maestro su incorporación al grupo. “Aquello fue una especie de bautizo. No me arrepiento de haber tomado esta decisión; elegí un camino que priorizo cada día”.
La asociación hace retiros, actividades intensivas a través del Lama, éstas pueden ser cortas de tres días, una semana, pero también están las que duran tres años, tres meses y tres días en España.
El budismo tampoco está ajeno a la tecnología. Charlas y meditaciones se pueden hacer por internet y en Lima, Perú, se consolidó la red de meditadores con transmisiones del Lama desde España.
En el templo budista paceño, el venerable Lama Dorje Dondrub llega vestido con un hábito blanco. “Esto te da más responsabilidad porque eres más visible de blanco que de rojo. Debemos ser auténticos referentes de positividad para los demás. Nuestro objetivo es ser felices”. Nacido en Barcelona, España, Dorje Dondrub transmite amor en sus palabras. “La felicidad no es el resultado, es el camino, no es una meta, la felicidad es disfrutar los momentos auténticos”.
En La Paz, los budistas son pocos, pero son felices, haciendo feliz al resto de la gente. Y ahora la asociación se prepara para dar un servicio a enfermos terminales.
“En esos estados es importante la filosofía budista porque la muerte sólo es el final de una etapa”, resume Dorje Dondrub rodeado de discípulos, entre ellos Antuña Cortez, que busca la felicidad completa, aquella que conoció Buda.
Un lama en La Paz
El venerable Lama Dorje Dondrub estuvo del 3 al 8 de abril del 2008 en La Paz. Es la segunda vez que llega. Es discípulo del venerable Lama Jamyang Tashi Dorje Rinpoché. Dorje Dondrub nació en 1966 en Sant Llorenç Savall, un pueblo cercano a Sabadell (Barcelona). Cuando tenía 20 años inició su acercamiento al mundo espiritual, motivado por una profunda sensación de insatisfacción que le empujó a buscar una forma diferente de vida. Dejó el negocio familiar y se adentró en el estudio y la práctica espiritual, al lado del Lama Jamyang Tashi Dorje Rinpoché. El 2006 se ordenó como Venerable Lama de manos de su maestro y viste el hábito blanco de los Ngagpas.