La perforación hizo que la magia llegue a comunidades rurales: grifos que al girar dan el líquido elemento.
Texto: Jairo Marcos Fotos: Nicolás Quinteros
Antes sacábamos agua del pocito con los baldes. No era potable, pero se bebía igual. Y había muchas enfermedades, claro. Con esa misma agua lavábamos la ropa, fregábamos, nos bañábamos y hacíamos todo. Ahora, basta con abrir el grifo. Y cada uno en su casa, porque tenemos incluso ducha´.
Estremece escuchar a Rómulo Vega Cerrudo, un agricultor de 59 años, hablando de lo que ha sufrido por las carencias del líquido elemento. Porque el antes de su expresión no se refiere a cuando era niño ni se remonta una década; su antes data de 2001, cuando Villa San Germán, al noroeste del departamento de Santa Cruz, no tenía acceso al agua potable.
Como explica con el timbre afligido, todo eso pertenece a un pasado… aún demasiado próximo. Con sólo observar su rostro puede sentirse, sin atender a una sola de sus palabras, el sufrimiento vivido. La alegría le invade el semblante sólo cuando llega a la parte del ahora. En este punto, con las (a ojos de Rómulo) milagrosas y sobrenaturales llaves de paso, podría terminar esta nota, utilizando un adaptado ´y bebieron felices y comieron perdices´.
Pero el sufrimiento de Rómulo Vega no es una historia aislada. Tiene sus réplicas con sólo cambiar el nombre y lugar de sus protagonistas, por los de Viviana Zorrillo Patiño, de 50 años; Rómulo Vega Cerrudo (59), Ignacio Angola Ávalos (62)… y por los de tantos otros y en tantos lugares, sobre todo, en el área rural.
Todos ellos han sufrido más de media vida sin un elemento cotidiano para muchos, elixir de lujo para ellos. Suplicaban por un vaso de agua potable al día y esperaron décadas para disfrutarlo. Aprendieron que no hay nada que esté más lejos que el querer y el poder; no todo lo que se quiere es posible.
Precisamente, para mejorar la cobertura en las poblaciones del área rural de Bolivia, nació el Proyecto de Desarrollo de Aguas Subterráneas (Prodasub), cooperación del Gobierno japonés. La iniciativa se gestó en 1998 con la excavación de tres pozos. Desde entonces ha perforado en seis departamentos: Chuquisaca, Santa Cruz, Oruro, Tarija, Potosí y La Paz.
El tres por ciento de agua dulce
´Donde hay agua, hay desarrollo. Además de salud y vida, es sinónimo de progreso´, manifiesta el coordinador del área de Ingeniería de Prodasub, Grover Calicho. De las explicaciones de este experto se extraen firmes conclusiones: Sólo el tres por ciento de las aguas que ofrece la Tierra son dulces. Un porcentaje ínfimo, del que el 96 por ciento son subterráneas. Es decir, en el subsuelo se puede hallar la mayor fuente de agua no salada disponible en el planeta. De ahí la importancia de este programa que, desde sus inicios y hasta finales del 2007, ha perforado más de un millar de pozos y beneficiado a 821.093 habitantes.
Entre ellos, los estudiantes de la unidad educativa Eduardo Abaroa, en Villa San Germán. De las dolidas palabras de Rómulo a la jovialidad que despedían los alumnos de esta escuela mediaron apenas unos minutos. Físicamente les separaban unos metros; vivencial y experiencialmente, una eternidad. Ajenos a la dureza vivida por sus mayores, los chicos se divertían salpicando agua a sus compañeros. Cuanto más traviesos, cuanto más cerca de los lavabos, más empapados estaban. La flor se la llevaba un muchacho que, a resguardo en una esquina, escurría el bajo de sus pantalones.
El director del colegio, Germán Hernán Herrera, no escatima elogios a la llegada del agua: ´Ayuda en todo lo que se refiere a la higiene, a la buena alimentación… Incluso hay menos enfermedades y necesariamente se ha notado en el rendimiento académico´.
La maquinaria precisa
Con trépanos de diente en la vanguardia y tungsteno en el portamechas, Top 750 y su hermano menor, Top 300, son los encargados de llegar hasta las bolsas de agua. Se trata de dos equipos cualificados para la perforación de pozos, de máquinas dotadas por el Gobierno de Japón hace nueve años y que, desde su aterrizaje en Bolivia, no han hecho otra cosa que horadar acuíferos. Día y noche, bajo la luz del sol y el resplandor de la luna, las 24 horas del día.
Previo a su trabajo, indica Justo Guzmán Rojas, el jefe de equipo, es requisito indispensable el estudio del terreno. Hay que asegurarse de que, efectivamente, las entrañas de la tierra esconden corrientes de agua. Luego del informe, Top 750 y Top 300 se ponen el traje de faena. Cual gigantes contra molinos, tienen que luchar contra la consistencia de los diferentes tipos de suelo y sus zonas rocosas, sus fallas geológicas, sus cantos rodados, su rigidez y sequedad… enemigos que se encuentran incluso a más de 200 metros de profundidad.
El proceso no termina aquí, explica el promotor social Luis Antúnez Rodríguez, pues la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) garantiza, luego de estudios de purificación y verificación en laboratorios, la total potabilidad de la perforación. Unos pozos que, como si de un ser vivo se tratara, gozan de una vida limitada, cercana a los 40 años, que puede ser dilatada gracias a su permanente monitoreo y control.
El futuro es un buen sitio para guardar las ilusiones y el ambicioso objetivo de Prodasub-JICA es llegar al cien por cien de los bolivianos. Que todo el que desee un vaso de agua fresca y potable no tenga más que abrir el grifo de su casa. Para ello, y mientras los niños juegan y los mayores recuerdan, los hermanos Top 750 y Top 300 seguirán trepanando la tierra en busca de bolsas de agua. En busca de salud, progreso y vida.