Para mejorar el mundo no hay que inventarlo otra vez y los padres de este proyecto imitaron la forma en que las aves construyen su nido.
Texto: Jairo Marcos Fotos: Miguel Carrasco
Érase una vez una comunidad a la sombra del municipio de Copacabana y regada por las sagradas aguas del Titicaca. Muy próxima al cielo —a 3.810 metros sobre el nivel del mar— Sawiña sobrevivía gracias a la pesca y a la agricultura… hasta que el lago creció y los sembradíos y las casas tuvieron que replegarse. Con 120 familias y cerca de 600 habitantes, las 150 hectáreas de terreno se quedaban pequeñas a pasos agigantados, y el centímetro de tierra firme se cotizaba en oro.
En los momentos de crisis, sólo la imaginación importa más que el conocimiento. Lo dejó escrito Albert Einstein y lo aplicaron los habitantes de Sawiña, seguro sin saber del científico alemán. El 3 de marzo de 2007 fundaron la primera isla flotante de la parte boliviana del lago, Pachakamac, y recién han concluido un proyecto turístico que engloba otros dos cayos: La Balsa Hampus e Inti Huata.
A imagen y semejanza de los pájaros y no de los urus, recalcan los responsables del proyecto, nació esta forma de supervivencia con sublime estética. Para mejorar el mundo no hay necesidad de inventarlo otra vez y los padres de este proyecto responden honestos que tuvieron la idea fijándose “cómo hacen su nido las aves. Las hemos imitado de manera natural, con pura totora´.
A cinco bolivianos por isla (10 para los extranjeros) y 15 el tour completo (30 en el caso foráneo), un viejo y colorido bote de madera (se puede optar por una balsa de totora) hace el recorrido por los tres atolones que, en serio, flotan.
Están fabricados con totora, una especie de anea o espadaña trenzada con vetusta destreza y con la inestimable complicidad del frío viento que peina estos lugares. Como sitiando cada isla emergen —esbeltos y ajenos a quienes navegan por su vera— los mismos juncos que sirven de materia prima para las tiendas y casetas de la cultura chiripa.
Un recorrido con tres paradas
Un museo de aves (una mejor disecación para evitar los olores es todavía una asignatura pendiente) recibe a los visitantes en Pachakamac, con 54 especies oriundas, desde las gaviotas hasta las chocas criollas, los zambullidores y las garzas. Anclada en el agua, esta primera pausa cuenta con pequeñas tiendas de artesanía, además con un monolito de totora, convertido en mirador y símbolo de la comunidad. De 30 metros de ancho y 30 de largo, el islote más grande en ningún momento da muestras de ceder al agua.
Cruje cada paso, que parece hundirse más de la cuenta. La Balsa Hampus, con la tricolor y la wiphala enarboladas, guarda dos sorpresas inesperadas. ´Hay una parte movible para los turistas que quieren dar una vuelta y bañarse´, explica Juan Carlos Maita Ramos, de 33 años. El segundo gesto de fascinación lo provocan dos indígenas que, provistos de atuendos con motivos del lago, danzan al ritmo de música zampoñada. Imitan el suave y cadencioso movimiento del bote cuando se balancea por las tranquilas aguas del lago. ´La danza de los balseros es un rito para la deidad Qocha o Qota´, explica Demetrio Maita Ramos (29), presidente del grupo.
Una torreta anuncia la presencia de la tercera isla flotante, Inti Huata. ´Cada tres meses aumentamos la totora, porque se va rompiendo y acabaría hundiéndose´, indica Jaime Estrada Arias (27), encargado de las actas. Renuevan así su opción por conservar su identidad y su cultura.
Volcadas al turismo (disponen de comedores, pesca deportiva y un futuro hotel), las islas se han convertido en la fuente de ingresos de Sawiña. Gracias a los panfletos repartidos por los diferentes hospedajes y agencias de turismo de Copacabana, ´llega una decena de turistas al día, sobre todo, argentinos. El problema es el inglés, que sólo hay un mozo que entiende un poquito. Pero nos estamos capacitando´, indica Juan Carlos.
Callapos, totora, tierra, totora, tierra y otra vez totora. Con cimientos de otro siglo; así se mantienen a flote estas islas, que prueban que la memoria no es el territorio de la nostalgia, sino de la esperanza. Lo enseña un recorrido de sesenta minutos por Sawiña, que viene de la palabra tejer.
BRÚJULA
Ubicación. Sawiña pertenece al municipio de Copacabana, localidad ribereña del Titicaca, ubicada a 155 kilómetros de La Paz.
Cómo llegar. Una vez en Copacabana, se puede optar por uno de los minibuses que van hasta Kasani y apearse a mitad de camino (Bs 2) o por un radio taxi particular (Bs 15). El trayecto no supera los 10 minutos.
Precios. El recorrido por cada una de las tres islas cuesta Bs 5 para los nacionales y Bs 10 para los turistas extranjeros.