El clavadista nacido en Colombia pasa de 0 a 100 kilómetros por hora en sólo tres segundos, para recorrer una distancia de hasta 34 metros hacia el chapuzón final. Este deportista de 32 años desafía nuevas alturas en sus viajes por el mundo.
Texto: Jairo Marcos Fotos: Red Bull
Quince minutos antes, el corazón me late más rápido de lo normal; un minuto antes, me concentro totalmente en los pasos que debo seguir para evitar algún accidente; y en la plataforma, me olvido de lo que está alrededor´. Milésimas después, Orlando Duque pasa de cero a 100 kilómetros por hora en sólo tres segundos, para así recorrer una distancia de hasta 34 metros. No lo hace subido a ningún bólido. Este colombiano de 32 años es clavadista; uno de los mejores en su especialidad.
´En el aire son dos o tres segundos, que se sienten como una eternidad. A medida que gano velocidad, percibo el viento en la cara. Lo único que se escucha es un zumbido en los oídos. Resulta impresionante lo rápido que funciona el cerebro, porque puedo pensar en abrir los ojos (los lleva cerrados, como enseña la escuela clásica de clavados) antes de la última maniobra, para ver dónde y cuándo voy a caer´, explica.
Y una vez más, desafío superado. ´Cuando salgo me tiemblan las manos y no puedo quitarme la sonrisa de la cara´. A su temerario estilo, lleva surgiendo de entre las aguas desde los diez años. Y a juzgar por los éxitos (nueve veces campeón del Circuito Mundial de Clavados —impulsados por Red Bull, la marca que le patrocina— y dos Récord Guinness, entre otros), no lo hace nada mal.
Orlando entrena cinco o seis veces por semana, realiza setenta saltos sobre una cama elástica, cincuenta sobre una piscina, pasa dos o tres horas diarias en el elemento líquido, corre en la mañana, trabaja el tronco, en la tarde monta bicicleta, hace trabajo de fuerza general, y tres veces a la semana entrena clavados. Éste es su ritmo de vida, su plan de entrenamiento, su camino hacia el éxito. ´La técnica es lo más importante. Obviamente, necesito fuerza, elasticidad y preparación mental para poder tener todo bajo control en los momentos de estrés´.
Clavadista gracias al fútbol
Y pensar que mucho se lo debe al deporte rey: ´Entrenaba en una cancha que quedaba atrás de las piscinas panamericanas, en Cali. Después de sudar y dar patadas, me gustaba pasar por la piscina para ver a los clavadistas. En una de esas visitas, una de las entrenadoras me preguntó si quería aprender. Le dije que sí´.
Pese al entusiasmo y la curiosidad de cualquier principiante, el colombiano recuerda que el agua no era por aquel entonces su mejor aliada: ´Cuando empecé a entrenar podía flotar, pero no sabía si iba a lograr salir de la parte más profunda de la piscina´.
Un buen día, Orlando se aburrió de tanto saltar en las azules y cuadriculadas aguas de la piscina, de acelerar de 0 a 100 kilómetros por hora en sólo tres segundos, y decidió buscar los riscos más escarpados del mundo. ´Los clavados extremos incluyen todo lo que me gusta de los convencionales, con la emoción extra de saltar en diferentes sitios´, añade.
¿Acostumbrado entonces a mirar de frente al miedo? ´Lo siento antes de cada clavado. Conociendo los riesgos y entendiendo la técnica, uno logra controlar esa sensación. Sin embargo, el respeto por la altura y el impacto con el agua siempre están presentes´.
Juegos Olímpicos frustrados
Orlando Duque practicó clavados olímpicos durante diez años en Colombia y a punto estuvo de ir a las Olimpiadas de Barcelona, en 1992: ´A otro clavadista colombiano, César Suárez, y a mí, nos dieron un registro que, supuestamente, debíamos superar para poder participar en los Juegos Olímpicos. Lo logramos, pero mi entrenador me comunicó que, por no haber participado en el ciclo de competencias, el Comité Olímpico no tenía ni una casilla para clavadistas. La Federación no tenía dinero para enviarnos al ciclo y, por esa razón, no tenían cupo para clavadistas. Imagino que nos dijeron ese puntaje con la esperanza de que no lo lograríamos, pero pudimos´.
Fue luego de ese desplante que se cansó de la monotonía de saltar siempre en una piscina. La solución se la dio un amigo, Mario Ovalem, que trabajaba en un parque de atracciones de Viena (Austria) y lo invitó. A las pocas horas, Orlando firmaba un contrato por tres años. Se vestía de payaso y saltaba desde una grúa de 25 metros de altura a una alberca de siete metros de diámetro y tres de profundidad, rodeada de fuego: ´Desde esa altura, la piscina se veía como un cenicero´.
Ha desafiado la altura en Hawai, en Italia, en Mónaco, en Australia, en Bosnia, en Montenegro, en Estados Unidos… hasta 40 horas en barco ha viajado para realizar un solo salto. El más prolongado, de 34 metros, se produjo, sin embargo, bajo la atenta mirada de la gran pantalla. Lo hizo para la película ´9 Dives´, que fue dirigida por su amigo Mario Krauzar.
Orlando está convencido de que no será su última marca: ´Puedo llegar hasta los 40 metros, pero es más alto el riesgo de lesionarse. Con experiencia, lo que se logra es refinar la técnica para evitar perder la ubicación en el aire. Pero en cada clavado existe ese riesgo´.