Resulta curioso leer el estatuto autonómico, pero al mismo tiempo es comprensible la desesperación de los que lo han redactado, ya que una vez perdido el poder hegemónico central no había otra que recurrir al camino autonómico para, principalmente, mantener la riqueza que lograron mediante políticas de Estado que consistieron en la donación de tierras, la condonación de créditos, la disminución constante de los impuestos sobre la tierra, las exenciones de tributos a bienes industriales importados y otros medios de producción, las subvenciones al diesel, la obtención de mercados solidarios, etc.
Por eso ahora crean su propia legislación, para seguir controlando todos los recursos, principalmente la tierra. De ahí que reclaman tener la Ley de Tierras a cargo de la Asamblea Departamental; para ello pretenden crear el Instituto Departamental de Tierra, para evitar el minifundio improductivo. Y la autoridad de este ente sería designada por el propio gobernador departamental. Sus intenciones ni siquiera son disimuladas, sino que abiertamente dicen que la propiedad debe ser respetada en tanto sólo cumpla la función social. Con ese denominativo, para preservar el latifundio, también pueden hacer cualquier acto de filantropía.
Tendrían agencia tributaria, para retener los impuestos de los habitantes del departamento; y, para guardar ese dinero, en vez de Banco Central se crea el Tesoro Departamental. Pero no solamente eso, sino inclusive la educación, la salud hasta la legislación laboral serán departamentales. Las autoridades departamentales de estas entidades serán elegidas por el gobernador: así se eliminan de un plumazo las compulsas para acceder a los cargos jerárquicos que tanto habían defendido, por ejemplo, los maestros.
Hasta está planteada la creación de otra entidad policial para el resguardo de las autoridades y los bienes, todo sujeto a la legislación departamental. Además, la justicia es otra que no tendrá, al parecer, ningún vínculo nacional.
Visto así, el estatuto autonómico de Santa Cruz parece ser una legislación de otro país; no hay un punto que hable de cierto vínculo con el Estado nacional, excepto cuando se trata de negocios económicos.
Creo que todos somos conscientes de que la autonomía no es mala en su esencia —como había planteado el 2004 en mi libro que lleva por título Sistema Comunal, una Propuesta Alternativa al Sistema Liberal—, cuando se trata del ejercicio directo del ciudadano para el potenciamiento de su bienestar. Pero, es inconcebible cuando sólo es para defender el interés particular, a costa del interés general o común. Ahora no es de extrañar la actitud de la burguesía cruceña, ya que ellos nunca tuvieron una visión general de país, sino siempre miraron al país sólo para potenciar el interés individual; por eso convirtieron a Bolivia en un país de solamente exportación de materias primas.
Claro, a ellos no les importa Bolivia porque inclusive —tal como se muestra en el libro Los Barones del Oriente, publicado por la Fundación Tierra— los soyeros son extranjeros. En ese sentido, es creíble que si pierden la hegemonía, son capaces de dividir al país como última salida.
*Félix Patzi es sociólogo y fue ministro de Educación del gobierno de Evo Morales.
¿Qué estamos haciendo en Haití?
En los últimos días, los haitianos salieron a las calles para protestar contra el brutal aumento de los precios de los alimentos. La respuesta de la Policía —con el apoyo de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah)— fue la represión, que se cobró la vida de al menos cinco manifestantes y provocó medio centenar de heridos.
La verdadera esclavitud
Llama la atención que, luego de más de dos años en funciones, ciertos servidores públicos se hayan dado a la tarea de gritar al mundo que “¡hay esclavos en Bolivia!”.