Gregor Schneider, uno de los artistas alemanes más en boga en este momento, causó ayer un revuelo mediático en Alemania al querer exponer en un museo a un moribundo y matar así uno de los últimos tabúes sociales.
“La muerte y el camino hacia la muerte son desgraciadamente hoy en día un sufrimiento”, afirmó el artista de 39 años en una entrevista del diario Die Welt.
Schneider, que saltó a la fama el 2001 cuando obtuvo el León de Oro de la Bienal de Arte de Venecia, defendió su idea de “exponer a una persona a punto de morir de forma natural o que acabe de fallecer”. “Estará en el centro de todo y todo se desarrollará con el consentimiento de sus allegados”, aseguró.
Pero el proyecto suscitó en seguida la polémica. La muerte es, efectivamente, un tabú, subrayó Hans-Heinrich Grosse-Brockhoff, secretario de Estado de Cultura de Westfalia, donde se encuentra el museo. Pero, “¿es por este motivo que uno puede exponer la muerte real?”, se preguntó. El arte “¿no debe contribuir a erigir nuevos tabúes después de todos los que se han derrumbado?”, agregó el Secretario de Estado. Berlín, AFP