El águila no caza moscas, decía un refrán latino. En efecto, el Presidente dijo hace unos días: ´Me siento engañado y traicionado por la jerarquía de la Iglesia´ —según él— porque el Cardenal había puesto en duda la afirmación de un funcionario internacional que denunció la existencia de esclavitud en algunas partes de Bolivia. Mons. Terrazas, que conoce hasta los últimos rincones del oriente, aclaró que, si se denunciaba la existencia de pueblos esclavos, en el correcto sentido de esta palabra y no en forma de licencia literaria, había que probarlo. Posteriormente el mismo Cardenal manifestó que la rabieta de Don Evo —¡nada menos que ´engañado y traicionado´!— podía ser consecuencia del entusiasmo que embarga al Presidente cuando arenga a sus seguidores que le aplauden y que esto dé ocasión ´a que diga lo que no tiene que decir´. Es más, el mismo Presidente decidió como respuesta al ´engaño´ y a la ´traición´ de los obispos católicos que, a partir de ahora, otorgará su confianza a la Iglesia Metodista. (Por cierto muy respetable, si hablamos con espíritu ecuménico). Esta abrupta reacción tiene mucho parecido al caso del jovencito celoso que se siente desairado por la chica a la que pretende, y decide irse con otra…
En estos mismos días, un ex sacerdote que colgó los hábitos para dedicarse a la política de extrema izquierda, pretendió darle lecciones al Cardenal sobre cómo la Iglesia debe esforzarse a favor de los pobres. Y reprendía con encono al Cardenal por no cumplir con este mandato de Jesús. ¡Grave e injusta acusación! Al respecto, quede bien establecido que de ninguna manera se puede justificar que todavía existan en Bolivia algunas zonas en que se cometen graves injusticias contra indígenas, explotados y humillados. La Iglesia trabaja generosamente en estos campos con sacrificadas iniciativas liberadoras. Pero la estructura de la sociedad, de cuero muy duro, entorpece todo lo que puede aportar soluciones a esta inicua situación. Ahora bien, la carta del mencionado ex clérigo trataba de ´amigo´ al Cardenal. Pero, al mismo tiempo le atacaba con saña muy poco cristiana por no militar en el bando fundamentalista, tal como el autor de las solicitadas le parece pertinente. Mons. Terrazas salió al paso de tal impertinencia con lo que Jesús nos enseñó: ´no importa si nos dan bofetadas de un lado, presentemos la otra mejilla´. Es que la noble águila no caza insignificantes moscas. Y el hecho de que el ex sacerdote la haya emprendido injustamente contra el Cardenal, al mismo tiempo que le llama ´amigo´, coincide con el dicho de que ´si éstos son mis amigos, para qué quiero enemigos´. Por mi parte, hubiese preferido no dar mayor resonancia a este incidente que pasa a ser la comidilla de algunos círculos eclesiásticos y motivo de división entre católicos.
Al fin, aunque el Presidente se victimice como ´engañado y traicionado´, y que se haga el ofendido y el malcomprendido, y que por eso ´se vaya con otra´; aunque el ex sacerdote malhumorado le clave al Cardenal una puñalada, nada de eso impedirá que ni Mons. Terrazas ni la Iglesia Católica dejen de cumplir su misión apostólica, muy especialmente con los pobres.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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