La carestía de los alimentos amenaza como un “tsunami silencioso” con sumir en el hambre a 100 millones de personas, según denunció ayer en Londres el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas.
“La inseguridad alimentaria no sólo supone una amenaza para el hambre, también para la paz y la seguridad”, dijo la jefa del PMA, Josette Sheeran, en una rueda de prensa en Londres, donde participa en una reunión de expertos convocada por el primer ministro británico, Gordon Brown, para analizar esta crisis.
Una crisis que el PMA no duda en definir como el mayor desafío al que ha hecho frente en sus 45 años de historia y que, como explicó Sheeran, afecta a la labor de esa agencia de la ONU de dos formas: encareciendo y, por tanto, reduciendo la ayuda que puede prestar y obligándola a congelar algunos programas.
Así el PMA, con las mismas contribuciones que en junio pasado, ahora puede proporcionar un 40 por ciento menos de ayuda, debido a que alimentos como el arroz, el trigo o el maíz prácticamente han doblado su precio en los últimos meses. Tras ese incremento se encuentran factores como el alza del precio del petróleo, el boom de los biocombustibles, el aumento de la demanda en los países en desarrollo y el cambio climático.
“Ésta es la nueva cara del hambre, los millones de personas que no estaban en una categoría urgente por hambre hace seis meses pero que ahora lo están”, dijo la jefa del PMA.
Por este motivo, el PMA ha tenido que tomar la “dolorosa” decisión de suspender un programa de alimentación escolar destinado a 450.000 niños en Camboya, que empezaba en mayo, a menos que se logre financiación a tiempo. Londres, EFE