Una retrospectiva recuerda a Juan Rimsa, el maestro Pionero del indigenismo pictórico, forjador de generaciones y viajero, el pintor lituano será homenajeado. Un catálogo apoya el tributo en Nota.
NACIMIENTO EN LOS ANDES • Una de las pinturas de Juan Rimsa que traza, con color y movimiento, el tema indígena.
“La obra de Juan Rimsa expresa la fuerza y el color del alma de Bolivia”, asegura el artista Gil Imaná hablando de su maestro Juan Rimsa (1903-1078). A 30 años de su muerte, el pintor lituano que se enamoró de Bolivia será recordado con una muestra retrospectiva que se abre mañana (19.00) en la galería Nota (c. René Moreno 1335, San Miguel).
La exposición, que reúne 30 obras de colecciones privadas, se abre con la presentación de un catálogo editado por Plural. Además de pinturas, se exhibirán fotografías y documentos que remiten también al hombre, al músico y al maestro. El último tributo a Juan Rimsa se realizó hace 33 años, a iniciativa de Yolanda Bedregal y Gil Imaná; después vino “un ingrato silencio”.
“Entre las obras de arte que emocionan y perduran en el tiempo, en Bolivia tenemos a las del artista lituano-boliviano Juan Rimsa (llamado Wania en la intimidad). Vivió en nuestro país entre 1935 y 1950, y se convirtió en uno de los nombres queridos e imborrables de nuestra historia”, explica la curadora Cecilia Bayá.
“Fue noble y generoso con sus estudiantes”, puntualiza el pintor Imaná, quien estudió con Rimsa entre los 10 y 13 años en la ciudad de Sucre. “Con él empecé a descubrir la belleza del paisaje y del cuerpo, la fuerza del color”, asegura el galardonado pintor.
“Fue, indudablemente, un maestro —complementa Bayá— que creó un estilo en la pintura, con movilidad y color, y retrató con mucho respeto los rostros y las fiestas de los indígenas”.
Como su obra, la vida de Rimsa se movió por la pasión estética. Emigrado de Lituania, se habría casado a los 25 años en Brasil con una paisana suya; pero como su suegro buscaba imponerle el oficio de sastre, escapó y se convirtió en un trotamundos. Tuvo sí una hija, Halinna, que conoció en San Pablo cuando ella tenía 24 años.
Desde que llegó a Bolivia, a mediados de los años 30, además de aprender castellano, se dedicó a plasmar en sus telas paisajes del altiplano, valles y yungas; bodegones; retratos y estampas indígenas que lo convirtieron, junto a Cecilio Guzmán de Rojas, en representante del realismo social en la pintura boliviana.
“Fue un gran maestro” y de su arte y pedagogía bebieron María Esther Ballivián, María Luisa Pacheco, Graciela Rodo Boulanger, Gil Imaná, Raúl Mariaca, José Ostria y Juan Ortega, entre otros, ahora consagrados artistas.
Juan Rimsa murió en 1978 y a lo largo de su vida nunca renunció a la pasión de los viajes y del arte. Ese es también su legado.