Vacunar es uno de los medios más eficaces y eficientes de poner la salud al alcance de todos. Combina el bienestar individual con el familiar y el social, el del rico con el del pobre, el de la niñez con el de los mayores, el del nacional con el del foráneo, el del habitante de la zona rural con el del citadino, el del residente con el del migrante. En verdad, lo mismo que las amenazas sanitarias, los beneficios de la vacunación no conocen fronteras.
Esto hace más satisfactorio que la VI Semana de Vacunación de las Américas en curso cuente con un número inédito de actos de vacunación en el nivel binacional (en Panamá y toda Centroamérica, además de México y EEUU) o trinacional (en varios puntos de Suda- mérica), gracias al esfuerzo conjunto de los respectivos ministerios de Salud con el apoyo de la OPS.
Así, esta Semana constituye por sí misma una legítima expresión y un recordatorio imborrable de lo mejor que nos ofrece el panamericanismo y de lo que podemos lograr con el consenso y el liderazgo de los miembros de la OPS. Este año, 62 millones de personas se beneficiarán directamente por este proyecto, el cual cimenta en las Américas una verdadera cultura participativa por la prevención sanitaria.
Este esfuerzo sólo es posible gracias a la participación de los gobiernos locales y nacionales, así como ONG, agencias de cooperación internacional, líderes comunales, artistas, medios de comunicación y, especialmente, los trabajadores y voluntarios de la salud. Se privilegia la atención a poblaciones aisladas y desfavorecidas, según metas, prioridades y necesidades de cada país.
Esta Semana algunos países hacen énfasis en la agenda inconclusa, desde la identificación de comunidades indígenas como grupos prioritarios (en Sudamérica) hasta la vacunación contra el sarampión y la rubéola para mejorar coberturas y hallar niños con esquemas incompletos (en islas del Caribe), pasando por la vacunación contra la fiebre amarilla, como están haciendo Paraguay, Colombia y Trinidad y Tobago, entre otros.
Hay países que dan prioridad a la protección de los logros sanitarios ya alcanzados, administrando las vacunas para completar los esquemas de protección, especialmente en grupos de alto riesgo y poblaciones de áreas con difícil acceso y baja cobertura. Otros, trabajan para enfrentar nuevos retos sanitarios, introduciendo vacunas como la neumocócica, la utilizada contra la hepatitis A o la del rotavirus.
Cuando termine esta Semana, más de 250 millones de personas se habrán beneficiado en sus seis años de ejecución. La tercera semana europea, lanzada este 21 de abril, abarca 33 países con los mismos objetivos. La Directora General de la OMS ha celebrado esta fiesta de la prevención y el fortalecimiento del acceso a los servicios de salud. Esperamos llegar un día a tener la semana mundial de la vacunación. Ciertamente, vacunar es un gesto de amor que trasciende fronteras.
*Mirta Roses Periago es directora Org. Panamericana de la Salud.
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