Tengo alineados en la estantería al lado de mi cama dos docenas de libros esperando ser leídos. Casi todos ellos son novelas y entre ellas tienen primacía las policiales. Hay, claro está, también textos de historias, estudios sociales y hasta periodismo. Muy cerca de ellos se encuentran medio centenar de videos. Todos nuevos, todos sin estrenar siquiera. Son las colecciones completas de CSI (Miami, Las Vegas y Nueva York), tres temporadas de Bones más las cuatro temporadas de Dr. House. Ninguno de ellos ha podido ser leído o visto en mi reproductor de DVD.
Y es que el tiempo se escapa de las manos. Entre ver los informativos de televisión (cada vez menos periodísticos, cada vez más propagandísticos) y leer los periódicos. Entre preparar charlas, pensar en la situación política, dar clases, etc., se va el tiempo y uno se queda sin atender lo importante.
Terminamos leyendo no por el placer sino sólo por la utilidad, es decir, por encontrar respuestas a lo inmediato y no a lo trascendental. Un ejemplo: si para entender a los ricos de Santa Cruz antes bastaba con leer Luna de locos del muy camba Manfredo Kempff Suárez, ahora en cambio hay que devorarse Los barones del Oriente, un texto de Ximena Soruco, Wilfredo Plata y Gustavo Medeiros, que, entre paréntesis, es ampliamente recomendable para entender la coyuntura actual en esa parte de Bolivia y, claro, ver hablar a personajes tan pintorescos como Branko y al Sr. Costas.
Hay, claro, vasos comunicantes entre ambas obras. Los terratenientes son emprendedores y están dispuestos a encabezar ellos mismos sus aventuras, venturas y desventuras. Por otra parte, son machistas hasta la exageración y consideran a la mujer objeto de belleza y de reproducción, y su fortuna está íntimamente ligada a la tierra, al gran latifundio. Por eso, cuando proclaman que el 5 de mayo implantarán un nuevo régimen económico, en realidad quieren decir que implantarán el viejo régimen, el suyo: el del patrón y ´sus´ cambas, el del capitalismo de base estrecha que tanto les gusta a las logias. Lo que el Estatuto no aclara es por dónde exportarán los cruceños sus productos en rebeldía contra Evo, si ahora hasta el Paraguay es izquierdista y para ir a Colombia hay que pasar por el altiplano.
Ya ve. No puedo refugiarme en la ficción, tengo que empaparme de una realidad porque me tocó vivir esta época tan movediza.
Sin embargo, uno espera que en algún momento entremos en tregua. Que los dos extremos cedan, que se levante el veto a la exportación de aceite y, al mismo tiempo, que el aceite para los bolivianos sea barato. Que al final, los bolivianos discutamos y enriquezcamos los estatutos autonómicos de Tarija y Pando compatibilizándolos con la nueva Constitución Política del Estado. Que el cruceño sea desechado por extremista y que se revise la nueva Carta Magna.
Ojalá así sea y que no tengan que venir ninguno de los investigadores de CSI a ver quién es el culpable de las probables muertes que podrían venir, de seguir tirando la pita como lo están haciendo hoy por hoy los extremos. Y, claro, ojalá que yo pueda volver a equilibrar mi vida y que pueda, de tarde en tarde, alejarme de la realidad para comprenderla mejor a través de la ficción.
*Jaime Iturri S. es periodista.
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