Sé que ofenderé a algún crítico de mi fustigación del Gobierno, si digo que ha sido probado en demasía el carácter sinuoso del populismo de Evo Morales. Se me vino a la mente cuando una feria más en un paseo de Cochabamba la convertía en un remedo de Calcuta, pero multiétnica, multicultural, multicolor y multisigno, aunque capitalista: cuadrillas gobiernistas alistaban carpas, pasacalles y panfletos abogando por su ilegal Constitución.
Al mismo tiempo, los titulares daban cuenta del último culebreo del Gobierno con respecto al referéndum autonómico del 4 de mayo en Santa Cruz. Permitirían la consulta autonómica sin apelar al boicot, ni amedrentar con la llegada de los Ponchos Rojos al bastión masista en el Plan 3000. Bendita la ´misericordia´ de un tal presidente de arrimados de Achacachi en Santa Cruz, prometiendo no provocar con 70.000 come-gentes, siendo que su solo vivir en la ciudad evidencia el éxito de la visión productiva de cambas y collas en el oriente, contrapuesta al centralismo etnopopulista de Evo Morales.
No le creo al Gobierno. Y en este país descerebrado por la amnesia colectiva, que hace tropezar una y otra vez en la piedra del populismo, revisé noticias de enero del 2008 para probar su sinuosidad. El año 2007 cerró con exigencias de Evo Morales de echar al tacho el estatuto autonómico cruceño, apelando a un regionalismo patriotero que demoniza a Santa Cruz, como si no fuese uno de los firmantes de la declaración de independencia que creó la patria en 1825.
Entonces se le recordó al Presidente que con tal discurso sindicatero a mal llegaría el diálogo entre Gobierno centralista y prefecturas autonomistas. Se le pidió que cumpliese el mandato vinculante de autonomías aprobadas en referendo nacional; que revirtiese el decreto de confiscación a las prefecturas de un IDH aprobado por ley de la república; que botara al tacho la asamblea constituyente de levanta-manos que aprobó su Constitución mañosa en un cuartel de Sucre y en un recinto universitario blindado en Oruro.
Los prefectos autonómicos decidieron ir de todas maneras al diálogo, pero el Gobierno lo tomó a debilidad y soltó un par de sus canes rabiosos. El ahora ex portavoz presidencial y un diputado hace poco restituido de ostracismo por corrupto, acusaron de plagio a los autonomistas. Ignoran que no hay nada nuevo bajo el sol; rehúsan reconocer que los estatutos autonómicos de Cataluña merecen consulta, no menos que cualquier ejemplo en la materia, ya que no son lo mismo los primigenios Eva y Adán que los originarios Evo y Álvaro.
Al tiempo que el partido de gobierno iniciaba la campaña por su Constitución atacando los estatutos autonómicos, hubo voces sensatas como la de Roberto Aguilar, asambleísta del MAS, que aclaraba que ´el 80% de lo que ha planteado el estatuto autonómico de Santa Cruz está dentro de la nueva Constitución y el 20% restante´ tiene tónica federalista. No tengo el dominio de un Juan Carlos Urenda sobre el tema, pero calculo que algo similar puede decirse de la Constitución masista: el 70% no acusa problemas de consenso; un objetable 30% es blablá indigenista, retórica estatista centralista y populismo castro-estalinista, de seguro, calcados de similares caribeñas.
En cualquier otro país, ése hubiese sido el momento en que prefectos autonomistas y Gobierno centralista acordasen reunir a los arriba nombrados, más una decena de expertos y personalidades, encerrarlos lejos del mundanal ruido en algún hotel del Madidi o la Reserva Forestal Iténez, conminándolos a producir en un tiempo prudente una Carta Magna concertada. ¿Acaso una Constitución no es la decantación de la voluntad de ser de un país, por el tamiz de sus mejores ciudadanos?
Pero esta es la insensata Bolivia. La retruca a los ataques gobiernistas fue que otros tres departamentos iniciaron procesos de consulta por referéndum de sus estatutos autonómicos. Y otros tres se inclinaron por la conveniencia de la autonomía. El caballo del corregidor, bien alimentado por dólares e instructivas de su padrino venezolano, corcoveó con provocativas incursiones a dizque bastiones masistas, mientras bombardeaban con propaganda mentirosa.
Empezó la campaña por los medios internacionales, mostrando un humilde indiecito que solo quería cambiar Bolivia, acabar con la ´esclavitud´ y los contrabandistas (excepto los de Llica, Sabaya y Desaguadero), oligarcas, latifundistas y otros demonios inventados de moda en Bolivia, Nicaragua y Ecuador, para no hablar de unas FARC también financiadas por petrodólares del afiebrado populista venezolano.
La hasta entonces desdeñada curia pontificia, blanco también de su retórica, fue convocada a servir de mediadora del entuerto provocado por ese a Dios rogando y con el mazo dando de un Gobierno sinuoso. Duró poco, solo hasta que el cardenal Terrazas dudó de los esclavos guaraníes de la muletilla gobiernista. Hoy son los metodistas los que se dejan engrupir, ¿mañana serán los mormones?
Hace poco ocurrió el siguiente culebreo: los cocaleros impedirían la movilización de ánforas el 4 de mayo, ´porque habrá fraude´, imagínense. Vino entonces el \'que voy, que no voy\', dando ganas de cantarles ´porque estás que te vas y te vas, y te vas, y no te has ido´. Y Evo hecho al bueno pidiendo mesura a los militares.
La consigna es, pues, no dejarse engrupir y alistarse para todo albur. Algo para recordar es que el conflicto no es solo de la autonomía contra el centralismo. También chocan dos visiones de Estado: la productiva de Santa Cruz, que le situó de locomotora económica del país, y la etnopopulista de Evo Morales, que es regresiva. Sin olvidar que en la pulseta actual se juega el destino de la cultura mestiza camba, que sin ser uniforme comparte rasgos comunes, frente al avasallamiento de los que propugnan la hegemonía aymara sobre Bolivia.
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