La Alternativa Bolivariana para las Américas es un intento de estrategia regional destinado a encumbrar al presidente venezolano Hugo Chávez como líder hegemónico de Latinoamérica. Necesita de sus escuderos: en la retaguardia, el incombustible Fidel Castro. En primera línea de fuego, Evo Morales, Rafael Correa y Rafael Ortega.
La bandera que enarbola la vanguardia del Alba es su antinorteamericanismo visceral. Pero, como la xenofobia hay que ampliarla al interior de nuestra sociedad para cohesionar ciertos sectores populares, hay que despertar viejos resentimientos indigenistas y enfrentarlos con el mestizaje. Un tercer frente es la integración económica. Pero los socios del Alba ni son económicamente complementarios entre sí ni existe un plan regional posible y convincente. Además, la capacidad administrativa para enfrentar los desafíos propios de los planes integradores está muy lejos de lo indispensable para que funcionen. Así quedó demostrado en los largos años de ilusiones integracionistas. Por el contrario, la fuerza centrípeta del Alba es tan sólo el petróleo venezolano, que subvenciona incluso los proyectos más dispendiosos e insostenibles de los gobiernos ideológicamente afines. No obstante, una economía fundada en los aleatorios precios del mercado, no asegura una suficiente continuidad. En el amplio marco de las relaciones económicas y financieras —no exclusivamente “bolivarianas”— es imprescindible la apertura a los grandes mercados, sean “made in USA”, o “made in China”.
El otro factor indispensable para la seguridad del bloque de naciones con el que Chávez sueña —y hace soñar a sus correligionarios— son las Fuerzas Armadas, cuya influencia no puede ignorarse, tanto para bien como para mal. Su misión es la seguridad interna y externa. Aunque demasiadas veces han sido utilizadas para la inseguridad interna. Hasta donde se puede saber de las FFAA de cada país, las venezolanas se han ganado la reputación de corrompidas a fuerza de prebendas, por obra de su propio Jefe de Estado con el fin de cubrirle las espaldas ante un pueblo que perdió la confianza en el caudillo al que una vez entronizó, pero que ahora le falla por causa de la pobreza en que vive una gran parte de los venezolanos. Ignoro cómo estará el cotarro militar en Ecuador. Pero sospecho que, en los últimos años ha sido manoseado por los políticos, cosa que no suele ser un reconstituyente sino una infección para los institutos armados. De las FFAA armadas bolivianas, les tengo un gran respeto, especialmente a esos soldados que supieron mantener su honor frente a las envilecedoras dádivas personales —“bono de lealtad” se llamaban en tiempo de García Meza—, sólo que ahora, los billetes vienen de Chávez. En fin, los creadores del Alba han captado muy bien estos hechos y empezaron firmando un acuerdo militar entre Venezuela y Bolivia. Pero con tan mala sombra que, no sólo reafirmaron lazos de colaboración profesional sino que introdujeron la cláusula de una posible intervención militar en Bolivia en el caso de que se produjeran conflictos que pusieran en aprietos al socio Evo Morales. ¡Descarado intervencionismo! He aquí la paradoja: ¿Vamos camino del alba luminosa o del ocaso tenebroso?
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Las soluciones del mercado
Quienes postulan que el libre mercado es la solución para casi todos los problemas deben estar ahora de fiesta. Ocurre que los campesinos afganos que cultivan amapola para la fabricación de opio han decidido cambiar de rubro y destinar sus 192.000 hectáreas al cultivo del trigo. Es que el precio del trigo ha subido tanto que tiene, como dicen los economistas, una tasa de rendimiento mayor a la del opio.
De autonomía e independencia
Los masistas han logrado consolidar entre su gente, e inclusive en buena parte de la opinión pública, que la idea de una separación de Santa Cruz de la patria decimonónica es una aberración sin nombre, a tal extremo de que proponer un federalismo en Bolivia, o su variante más moderna: la de las autonomías, suena también a pecado nefando.
El boomeran revolucionario
La encarnizada lucha política por el poder entre el Gobierno nacional y la oposición regional ha subalternizado a las políticas públicas. Éstas se han convertido en meros peones para infligir daño al enemigo en el ajedrez que se juega sobre la wiphala. Las acciones públicas sólo buscan debilitar al adversario y no son instrumentos para combatir la pobreza o generar desarrollo.
Otitis testicular
Mi hermano Martín, que es una persona muy agradable y simpática, dice que, por lo general, los hijos adolescentes sufren de otitis testicular. ¿Qué quiere decir con esto? Que cuando se les habla y se les recomienda, no escuchan y, además, les importa un huevo.
Frente a la falsa “razón de Estado”
Parecería “políticamente correcto” mantener posiciones neutras en un momento en que la sociedad boliviana enfrenta tensiones tan dramáticas, para así evitar compromisos excesivos con una y otra parte. Pero ya no es posible darse el lujo de hacer lo “políticamente correcto” en estos tiempos de tribulación en los que la nación parece conducida al desastre.
Autonomías: convivencia posible
Si las proclamas y principios contenidos en los proyectos de Constitución y de Estatuto Autonómico del departamento de Santa Cruz reflejaran genuina y unánimemente los sentimientos de quienes, por la fuerza de la historia y la geografía, compartimos el territorio boliviano, no tendríamos mayor razón para sostener los conflictos que hoy nos enfrentan.