Si las proclamas y principios contenidos en los proyectos de Constitución y de Estatuto Autonómico del departamento de Santa Cruz reflejaran genuina y unánimemente los sentimientos de quienes, por la fuerza de la historia y la geografía, compartimos el territorio boliviano, no tendríamos mayor razón para sostener los conflictos que hoy nos enfrentan.
En ambos instrumentos se invocan conceptos como: pluralidad, sociedad justa, armonía, unidad del país, Estado pacifista, cultura de paz, vocación democrática, derecho a la autonomía, hermandad, solidaridad, control social, etc. que, por ahora, son sólo expresiones retóricas.
El desafecto por el diálogo y la construcción de consensos precipitó el fracaso del proceso constituyente y, como consecuencia, las aspiraciones se reducen a estos textos cuya aprobación será mutua e indefinidamente recriminada, y que en lo práctico resultan incompatibles y poco funcionales. Aún así, comparten varias aspiraciones comunes que pueden ser la base para formular una ecuación equilibrada.
El principio de autonomía es inseparable al de unidad; sólo podrá existir una autonomía si está unida a un Estado central que la reconoce, que cuenta con un modelo de ordenamiento territorial, con disposiciones sobre la tierra y el territorio, idealmente forjado a partir de su realidad, del examen de los procesos y experiencias cumplidas y visiones del mayor consenso posible.
Llama la atención que los proyectos de Constitución y de Estatuto sean incompatibles en el tratamiento del recurso tierra. Cada instrumento lo consigna como atribución “exclusiva” y define, en el primer caso, que el Presidente de la República, como “autoridad máxima” del Servicio Boliviano de Reforma Agraria, otorga los títulos ejecutoriales de distribución de tierras, y en el segundo, esta competencia corresponde al Gobernador del departamento.
No es un tema menor, el ordenamiento jurídico vigente responde a importantes procesos de recuperación, ordenamiento, distribución y titulación de la tierra por el Estado central, antecedentes que simplemente no pueden desaparecer ni modificarse sin contravenir la legalidad y afectar la seguridad jurídica de todos.
La oportunidad está abierta para lograr un esquema más compatible y funcional, garante de principios constitucionales en relación al derecho de propiedad, al uso y distribución racional de tierras fiscales, al margen de cualquier interferencia particular o política. Al efecto, parece oportuno alentar una conducción institucional colectiva del Servicio de Reforma Agraria, liberando al Presidente de ostentar una “autoridad” simbólica, que lo expone innecesariamente a atender todas las reclamaciones y demandas propias del sistema y lo obliga a firmar cada uno de los títulos ejecutoriales. Noción y práctica introducida en el pasado con nítidos móviles políticos, que fue y sigue siendo sistemáticamente aprovechada para propósitos clientelistas. No tiene justificación alguna atribuir al Presidente la obligación de firmar decenas de miles de títulos agrarios, ni tampoco retardar su entrega a los ciudadanos o comunidades hasta que los firme o se programen los acontecimientos de festejo para tomar ventaja política de la ocasión.
El territorio de la actual República sufrió innumerables transformaciones a través del tiempo; también cambió la conformación social, cultural, étnica y espiritual de sus moradores. Más de cinco siglos no pasaron en vano, las comunidades y naciones indígenas originarias y campesinas, en distintas intensidades, absorbieron las nuevas culturas, sobrevino la migración externa e interna, surgió y se expandió el mestizaje. Con la República se alentaron valores comunes que, pese a la diversidad, compartimos en la nación o la patria boliviana, valores que son la soldadura que todavía nos mantiene unidos. El desafío está en preservarlos, en evitar toda discriminación, en alentar un tratamiento justo y equilibrado en la distribución de la tierra y el territorio, desde la eliminación de latifundios improductivos hasta aquella que manipula visiones historicistas retrospectivas, que pretenden convertir etapas superadas en protagonistas centrales de preocupaciones modernas.
Debemos ser capaces, y aún estamos a tiempo, de forjar mejores y mayores acuerdos que, salvando obsesiones ideológicas o localistas, correspondan con los valores democráticos comunes que se invocan por todos.
*Eduardo Rodríguez V. es ex presidente de la República.
Las soluciones del mercado
Quienes postulan que el libre mercado es la solución para casi todos los problemas deben estar ahora de fiesta. Ocurre que los campesinos afganos que cultivan amapola para la fabricación de opio han decidido cambiar de rubro y destinar sus 192.000 hectáreas al cultivo del trigo. Es que el precio del trigo ha subido tanto que tiene, como dicen los economistas, una tasa de rendimiento mayor a la del opio.
¿El Alba o el ocaso?
La Alternativa Bolivariana para las Américas es un intento de estrategia regional destinado a encumbrar al presidente venezolano Hugo Chávez como líder hegemónico de Latinoamérica. Necesita de sus escuderos: en la retaguardia, el incombustible Fidel Castro. En primera línea de fuego, Evo Morales, Rafael Correa y Rafael Ortega.
De autonomía e independencia
Los masistas han logrado consolidar entre su gente, e inclusive en buena parte de la opinión pública, que la idea de una separación de Santa Cruz de la patria decimonónica es una aberración sin nombre, a tal extremo de que proponer un federalismo en Bolivia, o su variante más moderna: la de las autonomías, suena también a pecado nefando.
El boomeran revolucionario
La encarnizada lucha política por el poder entre el Gobierno nacional y la oposición regional ha subalternizado a las políticas públicas. Éstas se han convertido en meros peones para infligir daño al enemigo en el ajedrez que se juega sobre la wiphala. Las acciones públicas sólo buscan debilitar al adversario y no son instrumentos para combatir la pobreza o generar desarrollo.
Otitis testicular
Mi hermano Martín, que es una persona muy agradable y simpática, dice que, por lo general, los hijos adolescentes sufren de otitis testicular. ¿Qué quiere decir con esto? Que cuando se les habla y se les recomienda, no escuchan y, además, les importa un huevo.
Frente a la falsa “razón de Estado”
Parecería “políticamente correcto” mantener posiciones neutras en un momento en que la sociedad boliviana enfrenta tensiones tan dramáticas, para así evitar compromisos excesivos con una y otra parte. Pero ya no es posible darse el lujo de hacer lo “políticamente correcto” en estos tiempos de tribulación en los que la nación parece conducida al desastre.