La victoria es para quien jamás la dudó y, lejos del lamento, los tahuichis miran siempre de frente su ilusión por vivir del fútbol profesional.
Texto: Jairo Marcos Fotos: Andrés Rojas
Abel Sirpa Chambilla controla el esférico pegado al flanco derecho de su cancha. Levanta la cabeza y no ve compañero desmarcado alguno. Apuesta por la carrera en solitario. Con el balón cosido a los botines, ingresa en campo contrario, donde le asalta un rival. Gambeta. Y escollo superado. El alteño mira entonces al frente. Nadie. Mete la quinta marcha y otros dos contrarios le cierran el paso. Finta a la izquierda, quiebra a la derecha y, hábil, se cuela entre los pétreos cuerpos de sus adversarios. Alcanza la línea de fondo y centra a media altura. Es gol. El equipo celebra el tanto, mientras Abel mira de reojo la cancha aledaña. ¿Le habrán visto?
Ajenos a la altura, los chicos de la Academia Tahuichi se entrenaban en el estadio Cosmos 79, de El Alto. Por tres días, cerca de 800 jóvenes de esa ciudad compartieron patadas y regates con el equipo de sus sueños. Lo tuvieron a escasos centímetros. Balón mediante, le hablaron de tú a tú. “Entrar en la Tahuichi es mi mayor ilusión. Pero falta mucho todavía”, confiesa exhausto Abel Sirpa (15).
Creada en 1978 por Rolando Aguilera Pareja, este fructífero semillero de imberbes futbolistas bolivianos ha moldeado, entre los nombres más ilustres, a los mundialistas Marco Antonio Etcheverry, Erwin Sánchez, Juan Manuel Peña, Luis Cristaldo, Jaime Moreno y Mauricio Ramos.
Escuela de fútbol y valores
Los kilómetros no existen para esta institución, que recorre miles cada año (este jueves celebran su trigésimo aniversario) en busca de jóvenes talentos. Quieren darles el espaldarazo definitivo y abrirles el sendero de goles que hay que marcarle al fútbol y a la vida.
La recta puntería consiste en acertar en el blanco, pero el blanco se halla dentro de nosotros mismos; no en un extremo ni en el otro, sino en su punto medio. “Nuestro espíritu es la construcción integral del niño. Involucra todo lo relacionado con las actividades diarias, tales como la responsabilidad, la puntualidad, el respeto y la buena alimentación ´, resume Mauro Gutiérrez Torres, profesor de la Academia.
La piedra angular de un país son las jóvenes generaciones y la Tahuichi, desde el amparo que le ofrecen sus siglas (Trabajo, Amor, Humildad, Una meta, Inteligencia, Cultura, Higiene e Identidad), predica no mirando hacia arriba sino hacia abajo, hacia los humildes, hacia los que menos tienen.
Desde el cuarto anillo de la Villa Olímpica, en Santa Cruz, los alumbran para que puedan abrirse la puerta de las oportunidades, para que sueñen en grande sin dejar de ser pequeños. “Siempre me fijo en jugadores como Leo Messi, Ronaldinho y Samuel Eto’o”, confiesa enfundado en la casaca del Barza el alteño Freddy Chui Condori (16), que sueña con, algún día, “llegar a ser profesional. Creo que tengo posibilidades, pero es complicado. Significaría mucho para mí´.
El Programa Acción Social a través del fútbol, que vio la luz el 2001 bajo el amparo de instituciones como Transredes, Gas TransBoliviano (GTB) y la Corporación Andina de Fomento (CAF), organiza encuentros periódicos en diferentes municipios. A un lado de la cancha, los \'tahuichis\'; al otro, las formaciones locales. La batalla es suficiente para seleccionar a los más talentosos. Como resume Mauro, sirven de anzuelo “las condiciones futbolísticas. Allá, ya los moldearemos si tienen problemas de carácter´.
Los becados se forman como deportistas de sólidos valores y principios pero, sobre todo, como bolivianos conscientes de que, teniendo poco, pueden ganarlo todo; en el césped y en la vida. La realidad les dice que nunca llegarán pero, a un ritmo de seis horas de entrenamiento diario, se obstinan en contradecirla. Así es el mundo, la verdad tiene muchas veces que disfrazarse de la mentira para alcanzar sus fines. La victoria es para quien jamás la dudó y, lejos de los lamentos, los tahuichis miran siempre de frente.
´Veía a los chicos de la Academia como a mis ídolos. Pensé que eran lo máximo y, sólo después de un tiempo, me di cuenta de que era igual que ellos. Sólo me faltaba trabajo´, resume el arquero Eddy Hurtado Córdova (21). Este beniano criado en Cochabamba, (´en Puerto Villarroel, un pueblo bien pequeño y humilde´, recalca) lleva cinco años en la Academia. Probó suerte en el Blooming y Real Santa Cruz. Y le resta un año para egresar en Administración de Empresas. Es la alternativa que ofrece la Tahuichi. “Pude llevar las dos cosas paralelas, pero tuve que tomar decisiones. No me arrepiento, porque me va a servir toda la vida. En cambio, el fútbol te dura diez o quince años´, argumenta.
De 3 a 17 años, 3.500 féminas y adolescentes sin distinción social alguna siembran sus ilusiones en una esfera de cuero que patean en el rectángulo de juego. “Obviamente, no vamos a sacar 3.500 futbolistas; quizá sólo 35. Pero formamos a más de dos mil personas que no van a ser una carga para la sociedad´, explica Mauro.
Con el mismo brillo animoso en los ojos, a Eddy y a Abel les separan apenas seis años y un sueño cumplido. Frente a frente, el arquero muestra el camino del triunfo al segundo: “Llegar a ser grande no es cuestión de uno o dos días. Es un trabajo arduo, pero posible´. Abel memoriza cada palabra. Sabe que la única batalla que se pierde es la que se abandona y piensa ya en su próxima gambeta.
Los kilómetros no existen para la Academia, que recorre miles en busca de jóvenes talentos.
3.500 jóvenes siembran sus ilusiones en una esfera de cuero que patean en el rectángulo de juego.