Los organismos internacionales han revelado que el aumento del precio de los comestibles es un fenómeno mundial provocado por causas también de ese calibre.
El consumo de los alimentos se ha incrementado en los últimos años; los combustibles que se utilizan para la producción han subido de precio; los países ricos subvencionan a sus agricultores y distorsionan los precios; y algunos productos del agro son empleados para los biocombustibles.
El presidente Evo Morales tomó partido en el tema de los biocombustibles, en el mensaje que llevó al Foro Internacional de la ONU que tocó asuntos relacionados con los indígenas. Allí, manifestó que estaba en contra.
Pero parece que hay matices en este asunto. El presidente de Brasil, Lula da Silva, dijo hace pocos días en Ghana que su país jamás producirá etanol a partir del maíz. Es la primera vez que se presenta una grieta en la alianza tácita de Brasil y EEUU a favor de los biocombustibles.
Los norteamericanos, en efecto, han decidido usar el maíz para fabricar combustibles alternativos al petróleo.
Aparte de este debate internacional, lo que parece importante para países como Bolivia es que se abre una oportunidad de oro, pues podrán producir alimentos incluso para exportar.
En este momento, Perú exporta lechugas por más de 2.000 millones de dólares. Una política inteligente podría hacer que también los campesinos bolivianos se beneficien de los precios altos de los alimentos.
Tendrían que definirse las bases de un sistema de incentivos y de facilidades para que la producción nacional de alimentos, por supuesto que excedentaria, llegue a mercados foráneos. Habría que comenzar por elaborar un inventario completo de las aptitudes de los suelos para producir alimentos, y definir cómo se podrían lograr niveles de producción eficientes, capaces de cumplir con las exigencias del comercio internacional.
La crisis alimentaria debería ser vista no como un problema, sino como una oportunidad, en vista de las enormes ventajas comparativas que tiene Bolivia para dedicarse a atender parte de la demanda mundial de alimentos. Pero habrá que encararlo con criterios serios.