Joseph Blatter, suizo él y vinculado desde joven a los circuitos clandestinos del sistema bancario y a los servicios de inteligencia de su país, fue apoltronándose en los sillones de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) de la mano del brasileño Joao Havelange, un verdadero caudillo a la sudamericana que supo ver la necesidad de contar con los avales del sistema financiero internacional para lograr que el negocio dé un salto cualitativo en organización y rentabilidad tras la incorporación de la Tv global al mismo, a partir del Mundial que se realizó en México 1970.
La investigación que realizó el periodista Víctor Ego Ducrot, de Prensa del Mercosur, revela que cuando Havelange pasó a retiro sucedió lo que tenía que suceder, Blatter accedió a la jefatura de la “familia” y estuvo lejos de defraudar a su mentor. Puso a la FIFA en un sitial que muchas de las más grandes corporaciones del planeta desearían ocupar.
Desde hace una década, ingresa a sus arcas un promedio de 30.000 millones de dólares anuales por fuera de todo régimen fiscal, a partir de una infinidad de actividades como auspicios de empresas para los Mundiales, derechos de televisión, compra y venta de jugadores a través del control estricto del sistema de representantes y operaciones financieras que no están claramente definidas.
“En la FIFA somos como las Naciones Unidas, pero con más poder. Tenemos 208 miembros contra 192 ó 193 que tiene la ONU. Y cuando tomamos una decisión, se implementa directamente”, manifiesta Blatter en tono de sentencia y sin sutilezas.
OTROS DATOS
Centroamérica con Blatter Jack Warner, presidente de la Federación de Trinidad y Tobago, hace el trabajo de convencimiento para que los 35 países afiliados a la Confederación Centroamericana voten en bloque por Blatter.
Monopolio Cuando Trinidad y Tobago organizó el Mundial Sub-17 en 1999, una sola empresa tuvo la concesión de los pasajes aéreos, los tickets y hasta el catering del Mundial. La empresa pertenece al hijo de Warner.