Lo óptimo sería que la crisis política del país se resolviera lo antes posible. Sin embargo, si acaso el Gobierno nacional y la oposición política y regional no llegaran a un acuerdo antes del domingo, esto no significaría que el diálogo estuviera desahuciado.
En todo conflicto, sea nacional o internacional, siempre, el diálogo se constituye en el instrumento más valioso para que prevalezca la convivencia civilizada de las personas. De manera que nunca es tarde para apelar a él.
A partir de esta premisa, el clamor de la Organización de Estados Americanos (OEA) de que, en Bolivia, el diálogo sea instalado antes del 4 de mayo, fecha prevista para el referéndum sobre el proyecto de Estatuto Autonómico en el departamento de Santa Cruz, resulta afortunado. Lo óptimo sería que la crisis política del país se resolviera lo antes posible.
Sin embargo, si acaso el Gobierno nacional y la oposición política y regional no llegaran a un acuerdo antes del domingo, esto no significaría que el diálogo estuviera desahuciado. Nunca será tarde para sentarse en una misma mesa y, con el desprendimiento de ambas partes, apostar por la concertación.
El objetivo, en primera instancia, es impedir que el 4 de mayo se produzcan actos de violencia, en el supuesto de que los cruceños que propugnan las autonomías se encontrasen en las calles con los oficialistas que apuestan por la abstención.
Corresponde celebrar que, al menos de palabra, existe la disponibilidad, tanto del gobierno de Evo Morales como de las autoridades políticas y cívicas de Santa Cruz, para llegar al diálogo. Pero, no hay acuerdo en cuanto a su fecha de iniciación. De parte del oficialismo, su propósito es que sea cuanto antes; está de acuerdo con la iniciativa de la OEA de que se concrete antes del domingo. En cambio, la posición de la dirigencia cruceña es que se instale después del referéndum.
Frente a esta discordancia, merece destacarse la buena voluntad de la OEA de acercar a las partes y de actuar como mediadora. Por lo demás, la coyuntura nacional se presenta como una oportunidad para que el máximo organismo regional, con sede en Washington, reconduzca su rol de apoyo a los países interamericanos, luego de que su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, tuviera unas desafortunadas intervenciones en asuntos internos de Bolivia, como, por ejemplo, el hecho de haber dado su aval al cuestionado proyecto de Constitución del MAS. Esa actitud generó el rechazo de la oposición a la OEA.
La seriedad de ese organismo fue preservada, sin embargo, por el atinado subsecretario de Asuntos Americanos, el argentino Dante Caputo, quien hizo varios viajes oficiales a Bolivia con el objetivo de acercar a oficialistas y opositores. Se trata de un diplomático reconocido a nivel internacional por su prolífica experiencia, por lo que se espera mucho de su ponderación.
Cuando una institución como la OEA interviene en el conflicto de un país, se espera de ella una posición equidistante, que no se parcialice con ninguna de las partes enfrentadas.
Por lo pronto, Caputo, con firmeza, ha logrado un ambiente de aceptación de su rol de facilitador del diálogo.
Ahora, tanto el Gobierno como la región de Santa Cruz deberán dar muestras de que, realmente, quieren evitar conflictos mayores, cediendo en sus posturas intransigentes y asumiendo un compromiso serio y responsable con el país. De otro modo, confirmarían la tesis de quienes opinan que oficialistas y opositores actúan movidos por el egoísmo de los partidos, lejos de la pregonada “cultura del diálogo”.