Dicen por ahí que el enemigo de tu enemigo es tu amigo… y tengo la impresión de que muchos cruceños van a adscribirse el próximo domingo al refrán popular. En la ciudad de Santa Cruz, la consigna y el discurso reduccionista, hecho bandera, funcionan muy bien; el poderoso establishment se sustenta en una maquinita de formación de opinión pública que funciona de mil maravillas. La fórmula actual es sencilla: Evo Morales es el enemigo de Santa Cruz, los enemigos de Evo Morales son el Prefecto y el presidente del Comité Cívico, si éstos atacan a Evo Morales, pues deben ser mis amigos, y si son mis amigos, pues entonces los estatutos autonómicos deben ser buenos.
La máquina está en marcha a todo vapor y si no sigues la corriente, eres un outsider, o peor aún, un traidor; la muchedumbre acalorada no permite ningún espacio de reflexión, y el que no salta es sospechoso de no ser amigo del enemigo. Visto el proceso desde la frialdad que permite la distancia, casi no puede reconocerse la verdadera convicción autonómica de la gente dispuesta a participar en el acto del 4 de mayo. Lo que debía ser un sereno episodio en el proceso autonómico, parece una vendetta colectiva en el desquiciado ambiente de polarización.
A nadie en Santa Cruz parece inquietarle la posibilidad de que los estatutos autonómicos oculten oscuros intereses económicos de grupos de poder. Si las encuestas de opinión esta vez reflejan con certeza la posición de la ciudadanía cruceña, nadie se siente preocupado por la falta de sustento constitucional de un evento de tan alta trascendencia. Tampoco se ha visto, por lo menos a través de los medios de comunicación, a nadie que manifieste incomodidad sobre el hecho de que su voto vaya a ser negociado con el Gobierno, inmediatamente después del escrutinio.
Resulta extraño, entonces, ese escenario de ciega unanimidad en el cual no se debate ni se discute el contenido ni los alcances de los estatutos. Mucho me temo que esa algarabía de barra brava esté ocultando los matices de una realidad mucho más compleja, en la que existen posiciones e intenciones diversas. Todo esto no hace otra cosa que poner en duda el carácter verdaderamente democrático de una urbe que no acaba de mostrarnos claramente sus diferentes rostros, y que al contrario, se aglutina en la exacerbación de los miedos y las consignas.
Puedo comprender la utilidad táctica que el 4 de mayo representa para alguna dirigencia, que al haber perdido gravitación nacional busca parapetarse en sus regiones, a como dé lugar. También puedo comprender a cierto sector empresarial, que, luego de sacar cuentas, se las juega por el separatismo. Lo que realmente me cuesta entender es que la gran mayoría de los cruceños esté dispuesta a embarrar el proceso autonómico con un referéndum tan plagado de dudas y tan contaminado por la coyuntural lucha de poder. El largo camino recorrido hacia un régimen autonómico, en el que me animo a decir, la inmensa mayoría de los bolivianos estamos de acuerdo, le ha ganado legitimidad no sólo en las regiones interesadas, sino en todo el país. Me parece, entonces, una locura que en el momento en que se le debe dar forma, se cometa el grave error de apuntarse a un proceso que ya le ha restado crédito interno y externo.
Este debía ser el momento en que Santa Cruz asuma con madurez su liderazgo nacional, planteando un modelo serio, sostenible y solidario con el resto de las regiones; a cambio de esto, nos ofrecen una propuesta histérica como objeto del próximo chasconeo con el gobierno de turno. Un verdadero tropiezo para Santa Cruz y para el proceso autonómico.
*Ilya Fortún es comunicador social.
El reto del vientre
En un artículo sobre la apuesta a la multiculturalidad, el parlamentario italiano Gilberto Bonalumi utiliza un pasaje del Génesis para significar la complejidad de la convivencia multiétnica y multicultural en un tiempo de intenso ir y venir de gentes por impulsos y necesidades diferentes.
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