Grave cosa ser analista político boliviano en época de crisis. Se vienen los corresponsales de guerra, los enviados especiales, las expertas en cobertura informativa de conflictos, en fin, periodistas de toda laya. La mayoría sedientos de sangre, en onda crónica roja, no sólo porque eso puede ser primicia, también porque es una demanda de la audiencia. Y ya sabemos que la audiencia es mundial y que estamos en el ojo de la tormenta… mediática.
Así que, más hormiguitas que cigarras, lanzan preguntas que parecen adivinanzas: ¿qué sucederá en Santa Cruz el domingo 4 de mayo? Y mi primera reacción es hablar de las dificultades para realizar un pronóstico meteorológico y que, por ejemplo, existe el ´efecto mariposa´… y cosas así. Ante la mirada inquieta o el silencio de labios apretados detrás del celular, remato mi respuesta con una frase escuálida: todo dependerá si ese día se desata o no un surazo (aunque vale la pena recordar que en ocasión del referéndum sobre el gas, ni el surazo ni la campaña empresarial en contra inhibieron la asistencia a las urnas en Santa Cruz de la Sierra para apoyar la nacionalización legal, como decía el MAS).
Otra manera de responder a rajatabla a este tipo de preguntas a quemarropa, la aprendí de un talentoso relator deportivo (suena mejor que analista, de lejos) que ante la intrigante: ¿quién ganará el domingo en el clásico argentino?, espetó una de antología: ´A ver, como viene jugando River Plate es probable una victoria del equipo millonario que no por nada está puntero en el campeonato; aunque, tomando en cuenta que Boca Juniors es local, no descarto que los xeneises hagan pesar su condición de locales y se lleven los tres puntos en disputa; y tampoco descarto, por el peso de la historia, un empate´. Esa es una mirada prospectiva, lo demás es lo de menos.
Así que, es-timado lector(a), no pretenda encontrar en esta columna respuestas a sus dudas, ni certezas para calmar sus inquietudes, y menos, consejos dirigidos a los protagonistas. A lo sumo me aventuro a señalar que existen condiciones suficientes para suponer que el domingo será un día tranquilo, sabiendo entre nos a qué nos referimos con ´un día tranquilo´ bajo los parámetros bolivianos. En primer lugar, porque el Gobierno ha adoptado, una vez más, la estrategia de Ulises, es decir, se ha amarrado a un mástil para no caer bajo el (en)canto de algunas sirenas y sus convocatorias a la violencia, al cerco, al enfrentamiento. Ese mástil se llama OEA, cuya resolución de apoyo al Gobierno obliga a guardar cautela… al propio Gobierno. En segundo lugar, porque a la dirigencia cruceña no le conviene que el domingo se empañe con actos que desacrediten la legitimidad de su consulta. Se amarrarán al mástil de la conducta cívica. Así que si algo malo acontece será en perjuicio de ambos.
Todos sabemos que en las dos aceras existen sectores y personajes que pretenden actuar en sentido contrario para provocar alguna perturbación y profundizar la polarización política y la fractura regional. Y ahí es cuando aparecen en escena, sobre todo en pantalla, los medios de comunicación haciendo sonar clarines, buscando declaraciones altisonantes, presagiando nubes negras acerca de qué es lo que ocurrirá el domingo. A ellos solamente les corresponde una respuesta del filósofo Cantinflas: pos, quién sabe.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
Motivaciones del conflicto
El conflicto que vive Bolivia surge por la concurrencia de contradicciones que datan de épocas anteriores a la república y otras engendradas a lo largo de su existencia. A éstas se suman factores propios de la coyuntura en la lucha por el poder.
Con la misma piedra...
Era 1959 cuando el gobierno del entonces presidente Hernán Siles Zuazo envió milicias de campesinos de poncho y ojotas, armados de fusiles Máuser, a reprimir violentamente la reivindicación del "11%" del pueblo de Santa Cruz.
Mentiras sobre la autonomía
Quizá no es mi a veces enrevesada sintaxis el medio más indicado para acotar sobre las mentiras del Gobierno, referentes a los estatutos autonómicos que se consultarán el 4 de mayo en Santa Cruz. Pero me enerva el desatino gubernamental de socavar la legitimidad de esa consulta, como si se estuviese jugando su permanencia en el poder.
El fetichismo del "precio justo"
En la Edad Media, concretamente con la escolástica, se desarrolló la doctrina del "precio justo". Particularmente, Santo Tomás, que tenía una idea rudimentaria acerca de la economía ("administración de la casa"), infirió de ella el "precio justo".