Escribo una semana antes del 4 de mayo de este 2008, fecha fijada para aprobar en Referéndum del Estatuto Autonómico de Santa Cruz, todo parece indicar que se realizará, pero aunque no sucediera eso, entiendo que el camino de Bolivia esta marcado: es la vía hacia la descentralización del Estado, es eso lo que significa la autonomía departamental, cuotas más o menos de federalismo, es lo que se discutirá en el futuro y es eso lo que parirá la realidad. El federalismo no estaba en escena en la discusión de estos últimos 8 años, si lo estuvo en la Guerra Federal de hace un siglo, pero da la impresión que los excesos del MAS al intentar re-centralizar el Estado con acciones muchas veces autoritarias, generó una contra respuesta, el camino a esa descentralización con grados de federalismo, unos más intensos en ciertos lados del país y, en otros, con menos fuerza. Si sociológica y políticamente era imparable la llegada histórica al poder de alguien como Evo Morales, ahora, tampoco se podrá parar el proceso autonómico. Esos son los signos de los tiempos. Evo Morales ofreció una revolución democrática, en qué consiste o consistió ella, en cambiar las élites políticas, en colocar más sectores populares en el Estado y en el centro de la política, en profundizar el camino de la Revolución de 1952 y de la Participación Popular, así también en lograr más reconocimiento para el tema indígena y los indígenas. Pero, de ahí a pasar a un Estado socialista, o un Estado de carácter indígena, dista mucho trecho, eso parece simplemente imposible en un país donde se ama al mercado, incluidos los aymaras, y en una Bolivia, que más allá del impreciso Censo del 2001, es un país de mestizos y donde la mayoría nos consideramos como bolivianos.
Es cierto que hay clivajes étnicos, clasistas, geográficos, pero —en varias discusiones con mi buen amigo Gustavo Fernández—, nos damos que el regional da cuenta de la gran transformación del futuro, de una revolución que se producirá en varios años, quizás décadas, me refiero a la construcción de un Estado descentralizado, ese es el rumbo de la historia. Eso implica que La Paz y el occidente paulatinamente irán perdiendo poder político, el poder económico ya cambió de ubicación geográfica hace rato. Esa descentralización política implica reparto del poder, pero no implica automáticamente más equidad ni eliminación de la pobreza. En la historia, los más de los casos de descentralización no implicaron avance a la equidad, sino aumento de los desarrollos asimétricos. El Estado centralizado no creó equidad ni abatió la pobreza. Por eso, un reto pendiente, pero urgente es colocar también en el centro del debate el tema de la equidad, de las asimetrías y del combate contra la pobreza, más aun, se precisa reposicionar en el núcleo del debate la cuestión de la democracia, no sólo por los rasgos autoritarios del MAS, sino por la necesidades futuras de labrar un nuevo Estado. Esas son las paradojas de la historia, cuando desde el Estado se habla de una revolución, la realidad nos trae otra.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
El anodino 4 de mayo
Escribo esta columna a pocos días del referéndum autonómico de Santa Cruz; para unos, el inicio de una nueva era de la dinámica historia de Bolivia, basados en el conocido aforismo "Si quieres la unidad, prepárate para la separación"; para otros, tan sólo una encuesta cara que hay que impedir a como dé lugar, basados en el afamado manual aborigen: "Mil maneras de lanzar un boomerang".
Delegar poder
Periodistas de varios medios brasileños estuvieron en las últimas semanas en Bolivia intentando entender las razones que llevaron a una división tan marcada entre los bolivianos. Más allá de exponer las motivaciones de uno y otro lado, los reportajes expusieron cierta perplejidad ante las dificultades para superar la crisis.
¡No perdamos la fe...!
Todos estamos muy angustiados por el posible enfrentamiento entre hermanos, por la división a lo largo y ancho del territorio y por el desentendimiento en que nos encontramos.
Procacidad gubernamental
Lo menos que se puede decir es que el Gobierno se ha conducido desvergonzadamente con Santa Cruz. Ha tenido una actitud cínica y procaz, tratándola como al enemigo más peligroso.