Los investigadores utilizaron equipos de sónar en el jardín de la familia Fritzl para cerciorarse de que no contiene más calabozos subterráneos, según aseguró ayer la policía austriaca.
El jefe de las investigaciones de homicidios de la provincia de Baja Austria, Leopold Etz, dijo que los agentes interrogaron además a más de 100 personas que a lo largo de los años vivieron en la casa de Josef Fritzl, a quien se acusa de retener a su hija Elisabeth en una prisión secreta.
Otras personas acudieron a las autoridades para contar que conocían al sospechoso de 73 años, dijo la policía, y agregó que la totalidad de la vivienda y su jardín ha sido cuidadosamente registrada, incluyendo el uso de equipos de sónar para detectar otros posibles habitáculos secretos. “Las pesquisas son amplias. Es mucho trabajo”, confesó Etz.
El caso de Fritzl fue denunciado el 19 de abril cuando la hija mayor de Elisabeth, Kerstin, de 19 años, fue hospitalizada con una rara infección. Viena, AP