La peculiaridad del medio aéreo de transporte, regido por el principio de la seguridad, y la realidad de establecer normas reguladoras del uso del tabaco, determinan la existencia de principios cada vez más rigurosos sobre el acto de fumar en los aviones.
El uso activo del tabaco, tanto el encendido del cigarro, pipa o cigarrillos, requiere la ignición y la combustión EN el proceso del fumado. Este proceso se encuentra en clara contradicción con las estrictas medidas de seguridad que son de aplicación necesaria para evitar incidentes y accidentes, por lo que fumar en los aviones, hoy en día, es casi imposible.
En nuestro país, si bien las aerolíneas asumen una tácita prohibición al consumo de tabaco en los aviones, la norma jurídica no existe explícitamente, por lo que el infractor puede todavía eximirse de las consecuencias jurídicas de su placentero disfrute de bocanadas de humo que envuelven a otros pasajeros y que, además, transforman a éstos en fumadores pasivos.
En la aviación internacional ya no existen zonas de fumadores, como antes, cuando un pasajero obtenía una plaza y, por circunstancias de error u otra causa en la distribución de los asientos, tenía que someterse a las reglas que regían en otras áreas de la nave. El principio era claro: el pasajero podía renunciar a su viaje sin quedar sujeto a penalizaciones que se encuentran establecidas cuando la plaza se anula tardíamente. Empero, si continuaba con el asiento asignado, persistiera su deseo de fumar o no, quedaba sometido a las reglas que regían para dicha zona.
Jurídicamente, era difícil que pudiera pretender una indemnización de daños y perjuicios; pero si en realidad los sufriera al verse compelido imperativamente a realizar el vuelo, no pudiendo suspenderlo, y si la cercanía del tabaco le afectara padeciendo menoscabo de su salud, no se excluía una reclamación económica.
La asignación de un lugar de no fumador era una condición accesoria del contrato de transporte, defendido por la ley, e incumplida, en este caso, por la línea aérea. Mucho más difícil era para el fumador pretender que se le indemnice por no haber podido fumar durante el periodo de vuelo.
Afortunadamente, el transporte aéreo, casi con generalidad, sobre todo en Europa y Estados Unidos, ha adoptado la normativa vigente para los lugares públicos, constriñendo definitivamente a los fumadores a abstenerse de fumar cuando se encuentran en vuelo, lo cual evita una serie de situaciones de contenido jurídico, que las líneas aéreas, inteligentemente, han cortado de raíz.
*Raúl Pino-lchazo T. es abogado corporativo con posgrado en Derecho Aeronáutico.
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