Cerca de un millar de niños y jóvenes aprenden, de manera gratuita, música, declamación, danza y dibujo en la Escuela de Artes, ubicada en la provincia Aroma, La Paz.
Jorge Quispe • Fotos: Nicolás Quinteros
Alberto Magno Condori Cochi (16) quiere tocar algún día en la Banda Internacional Poopó, de Oruro. Edhimar Freddy Silvestre Mamani (11) sólo desea declamarle un poema a su padre y Amanda Champani Choque (12) aprender a dibujar para pintar el rostro de una madre.
Los sueños de los tres se forjan ahora con las primeras clases en música, declamación y dibujo en la Escuela de Artes del municipio de Patacamaya, provincia Aroma en el departamento de La Paz.
Al menos un millar de estudiantes de los colegios Germán Busch, Industrial y Roberto Pabón son instruidos también en teatro, pintura y danza por 12 maestros que pretenden plantar la semilla del arte en los niños de ese municipio en una iniciativa de la Dirección de Cultura de la Prefectura.
“Tengo más o menos unos 120 alumnos, pero me conformaría con que cinco de ellos puedan ser artistas”, dice emocionado Édgar Mamani Mamani, maestro de pintura y dibujo de la escuela.
Un poema para el padre
Edhimar mira con atención al profesor de declamación, Israel Tarquino Salas (24), que en pleno patio del colegio Industrial gesticula sus manos, hace muecas de tristeza y luego de alegría, muta de niño a joven y luego a anciano.
“Sólo quisiera aprender a declamar para recitarle un poema a mi papá, Freddy´, comenta con timidez Edhimar, que para llegar al colegio, donde cursa el séptimo de primaria, debe caminar todos los días 20 minutos desde la comunidad Norte Taypillanga.
Tarquino, un reconocido profesor de Interpretación Poética y Declamación, logró el segundo lugar a nivel sudamericano en un concurso en Perú y es considerado uno de los mejores del país.
“Me encanta trabajar con los niños porque le ponen mucho interés a la poesía, pero me gustaría que declamen sus propios poemas”, dice el maestro.
En el Industrial se puede aprender declamación en los niveles sexto y séptimo de primaria durante tres horas a la semana, aunque la directora de la unidad educativa, Cristina Isidro Colque (36), invita a los niños de otras unidades para que también se puedan inscribir y participen.
Amanda quiere dibujar sueños
El curso de pintura y dibujo comenzó. Pocos niños cuentan con hojas de papel bond, la mayoría utiliza las hojas cuadriculadas de los cuadernos para esbozar los primeros trazos de lo que será un payaso. Amanda Champani Choque toma el lápiz y escucha atenta al profesor Édgar Mamani (32).
“Empezamos con la caricatura porque les encanta a los niños, después veremos bodegones (objetos como jarros, mesas o frutas) y luego haremos la valoración tonal´, explica el maestro, graduado de la Escuela de Artes de El Alto.
Amanda aprendió muy bien la lección. Con pequeños círculos el rostro del payaso toma forma y luego le es más sencillo darle un tono de alegría y tristeza.
“Éste hace un guiño, éste se encuentra muy furioso, éste es serio, éste otro es reilón, hay uno que está silbando, éste está enamorado, hay uno pensativo y otro triste”, detalla al mostrar una página con 12 rostros retratados con lápiz.
Pintar el rostro de una madre es el sueño de Amanda, “por eso aprovecharé todas las clases para aprender a dibujar”.
El profesor cree que con interés se pueden suplir todas las limitaciones, por eso no duda al pedirles a sus estudiantes que traigan carbón, tierra, arcilla u ocre, cualquier cosa que sirva para pintar, “además podemos usar la parte posterior de los papeles usados, todo se puede en la vida”, comenta Édgar.
Alberto apuesta a su trompeta
El jueves 17 de abril no fue un día más para Alberto Magno Condori Cochi. Su padre le compró el mejor regalo: una trompeta.
Tocar en la Banda Internacional Poopó, de Oruro, es el sueño de Alberto. “Quisiera un día tocar con ellos en una gran entrada como el Carnaval”. A sus 16 años, la trompeta ya definió su futuro, quiere además que la inversión de 500 bolivianos que hizo su papá rinda frutos. “Estoy en tercero de secundaria, tengo siete hermanos y quiero ayudar a mi familia después de terminar el colegio”.
En las manos de Alberto, el instrumento de viento brilla. “Pocos tienen un instrumento propio, por eso debo aprovechar al máximo esta oportunidad”. Él es uno de los 40 alumnos del curso de música en el colegio Roberto Pabón, donde Marcelo Quispe Aruquipa, la primera trompeta de la Sinfónica Nacional, es el profesor.
Como en los otros casos, las limitaciones técnicas no faltan. El curso es pequeño para los 40 alumnos, quienes deben “pelearse” por siete bajos, siete trompetas y dos tambores. Algunos tienen sus propios instrumentos, pero aún así no es suficiente.
El profesor siempre les recuerda que el amor por el arte lo supera todo. Un ejemplo de ello es Alfonso Morante, que desde abril tiene su propia trompeta y ahora quiere ser uno de los más aplicados.
Rosmery enseña danza
Participó en el Gran Poder y el Carnaval de Oruro. Rosmery Fernández Paredes (28) lleva el baile en la sangre por eso aceptó enseñar a niños del colegio Germán Busch, de Patacamaya. Sus estudiantes no pasan de los 10 años, pero ya saben los primeros pasos de la morenada, la cueca cochabambina y hasta el t’inku.
“Las niñas bailan como chinas y como cholitas paceñas en la morenada, pero el objetivo es que aprendan las danzas más importantes de los nueve departamentos”, reseña la maestra. Para dar clases no interesan los cinco grados centígrados en Patacamaya, ni la lluvia y menos que la grabadora sea prestada, “lo más importante es que realmente tengas ganas de aprender a bailar”, sentencia.
Los talleres de música, declamación, pintura y dibujo, y danza de la Escuela de Artes en Patacamaya son gratuitos y pueden participar personas desde los seis hasta los 25 años. Los talleres serán hasta noviembre y son una nueva opción para sembrar el arte en la provincia Aroma de La Paz.
Mientras eso suceda, Alberto afina la trompeta, Edhimar memoriza un poema y Amanda esboza su primer rostro, el de una madre, la madre que no tiene.
Niños y jóvenes de comunidades cercanas a Patacamaya también pueden participar de los cursos.
Las limitaciones técnicas son el primer obstáculo, pero el interés de los alumnos lo suple todo.
OTRAS DOS ESCUELAS
Patacamaya es el tercer municipio que cuenta con una Escuela de Artes, los primeros dos se encuentran en Pucarani, con seis profesores, y Curva, con cuatro maestros. Los dos funcionan desde el año pasado. En el primer caso se enseña teatro, música, danza y dibujo, y en el segundo hombres y mujeres son instruidos en tejidos. La particularidad es que en Curva los mentores son los mismos comunarios que fueron capacitados por maestros en obras artesanales.
“La intención es que el 2009 podamos tener ocho municipios con escuelas de arte”, anticipa Marlene Mercado, directora de la división de Cultura de la Prefectura del Departamento de La Paz. Los centros de formación en Patacamaya, Pucarani y Curva fueron posibles gracias a los aportes de la Cooperación Suiza y la Embajada del Reino de los Países Bajos.
Las Escuelas de Arte en los municipios del altiplano paceño surgieron luego del éxito de un proyecto similar en la ciudad de El Alto.
Mercado es optimista “creemos que al plantar la semilla del arte en los municipios, tendremos más artistas en el futuro, porque nuestros niños y jóvenes tienen mucho talento”.