Mucha gente está pintando una realidad fatal después del 4 de mayo. Esa es una apreciación bastante exagerada, ya que el 5 continuará lo mismo, y el 6 seguirá siendo víspera del 7 y así sucesivamente. Los protagonistas habrán festejado el triunfo político toda la noche, otros inclusive volverán afónicos a sus casas de tanto gritar sobre la autonomía. Ahí quedará el símbolo de la victoria.
Para otros, será un triunfo fabricado que sólo existe en la mente de los triunfadores y no es compartido por toda la población, particularmente aquellos que no asistirán a las urnas. Algunos inclusive exageraron en decir que el referéndum sólo era un sondeo de opinión.
Las trifulcas entre collas y q’arayanas (blancos), en algunos recintos electorales, evidenciará la polaridad antagónica y racializada al interior de Santa Cruz.
Ahora sí le toca a la oligarquía enfrentar seriamente el reto de la autonomía. Ahí ya no será fácil el camino, ya que al parecer agotaron su último recurso de movilización a base de consignas; pero, en la acción cotidiana, la gente no funciona eternamente sólo basándose en consignas.
Seguramente tratarán de crear su legislativo departamental, como primera medida de preservación de las propiedades de extensión de tierras tal cual se mantienen hoy en día. Aquí ya se toparán con un problema: los indígenas no renunciarán fácilmente a sus antiguas demandas de recuperación de su territorio. Así, lograrán sus autonomías indígenas, para tener gobierno y recursos económicos propios.
A partir de esta polarización, después de un tiempo surgirán consignas de la nueva reforma agraria en el departamento de Santa Cruz. Ahí, ya no será sólo la demanda de los indígenas y campesinos, mucha gente de la ciudad se sumará a esa consigna debido a que se dará cuenta de que la autonomía había sido para ostentar riqueza y privilegios de grupos dominantes y no para mejorar la calidad de vida del pueblo.
Por otro lado, Yapacaní, el Plan Tres Mil, Montero y San Julián no creo que se queden tranquilos: también ellos exigirán sus autonomías regionales, con su propio presupuesto y gobierno. Al final, el departamento llegará al mismo resultado de implementación de varios tipos de autonomía.
En otro frente estarán los maestros. No creo que ellos renuncien fácilmente a su escalafón docente, que data de 1957, y mucho menos que el Director Departamental de Educación sea nombrado directamente por el Gobernador departamental, ya que siempre los profesores exigieron compulsa para el nombramiento de dicha autoridad.
Y, hablando de la educación, no creo que lo jóvenes que tienen aspiraciones de ser profesionales en cualquier lugar del país, quieran que su título sea sólo validado por el gobernador departamental. Ese título, en tanto no esté refrendado por instancias nacionales, no le permitirá conseguir trabajo en otros lugares fuera de su región.
Por último, tratarán de generar empresas privadas con todo tipo de subvenciones para la exportación. Quizá en un acto legislativo departamental levanten todos los decretos del Gobierno central; pero, se encontrarán con que las aduanas, el Senasag, continuarán en manos del Estado y los otros países tampoco harán convenios directos con el departamento: la relación es Estado con Estado. Entonces, ahí no tendrán otro camino que dialogar con el Gobierno central.
*Félix Patzi es sociólogo y fue ministro de Educación (2006-2007).
Linchamiento de alcaldes
El asesinato del periodista de la radio municipal en Pucarani, el secuestro de concejales en Inquisivi, los destrozos en el domicilio de la Presidenta del Concejo de Coripata, el incendio de casas de propiedad de los ediles en Llallagua y la violenta agresión a los concejales de Uncía, son una muestra de muchos hechos similares que vienen aconteciendo en los municipios, coincidentemente todos con el propósito de forzar la renuncia de alcaldes y concejales a sus cargos e imponer nuevas autoridades.
¡300!
He aquí dos historias diferentes. Una tragedia épica de 300 guerreros de Esparta que comandados por el rey Leónidas enfrentaron a Jerjes, el invasor persa. Para evitar una guerra no autorizada por el Oráculo, Leónidas decidió enfrentar a los 120.000 invasores con 300 guerreros siendo su estrategia localizarse en un desfiladero que impedía el avance en masa de los persas, a cuyas avanzadas derrotaron una tras otra.