La minería boliviana atraviesa por su peor momento, lo que es una amarga paradoja si se considera que, como nunca, los precios de los minerales en el mercado internacional están por las nubes. Es el caso, por ejemplo, del estaño, cuya cotización se asoma a los 10 dólares por libra fina, un hecho histórico para ese metal.
Por décadas, el país se ubicó entre los tres mayores productores de este mineral en el mundo. Ahora, ocupa uno de los últimos lugares, porque se han agotado los yacimientos de donde se extraía el estaño y, como contrapartida, no se realizan exploraciones por falta de inversiones.
En una actitud de sinceramiento, que en todo caso es loable, el viceministro de Minería, Pedro Mariobo, declaró a La Razón que Bolivia, en este momento, vive un proceso de cambio, de manera que en este sector "las reglas de juego no están del todo claras". Desde el punto de vista del secretario ejecutivo de la Asociación de Mineros Medianos, Marco Antonio Calderón, y del ex ministro de Minería Jorge Espinoza, los avasallamientos a centros mineros por parte de grupos de indígenas, la inseguridad jurídica, la elevada presión tributaria y la decisión del Gobierno de declarar, por decreto, que todo el territorio nacional es reserva fiscal, son los factores que impiden la captación de nuevas inversiones.
El resultado real es que la contribución de la minería al PIB cayó al 3,95% el año pasado; en 1995 era del 6,04%, pero la tendencia a la baja se advierte desde el 2004 (3,76%). En cuanto al crecimiento del PIB de la minería, en un solo año descendió del 11,60% (2006) al modestísimo 0,05% en el 2007.
El único proyecto destacable es el del Mutún, yacimiento que será explotado por la empresa india Jindal con una inversión de más de $us 2.000 millones.