He aquí dos historias diferentes. Una tragedia épica de 300 guerreros de Esparta que comandados por el rey Leónidas enfrentaron a Jerjes, el invasor persa. Para evitar una guerra no autorizada por el Oráculo, Leónidas decidió enfrentar a los 120.000 invasores con 300 guerreros siendo su estrategia localizarse en un desfiladero que impedía el avance en masa de los persas, a cuyas avanzadas derrotaron una tras otra.
Sin embargo, un hombre traicionó a Leónidas mostrando a Jerjes una ruta para atacarlo por la retaguardia. Viendo la gravedad de la situación, Leónidas envió un emisario a Esparta para advertir sobre su derrota, pero no retrocedió; una lluvia de flechas acabó con los 300 guerreros, que murieron con honor. Jerjes siguió su avance, sólo para comprobar que el sacrificio de los 300 dio fruto: 40.000 espartanos lo aguardaban para vencerlo.
La segunda historia versa también sobre 300 valientes. Estando acosados los israelitas por 135.000 madianitas y amalecitas, Gedeón —Juez de Israel— fue elegido por Dios para ser su libertador, ordenándole destruir los ídolos de su padre, lo que hizo sin temor. Pero, queriendo confirmar que efectivamente era el elegido, Gedeón probó a Dios: dejó un montón de lana al aire libre pidiendo que el rocío no la mojara por la noche, y así ocurrió; para asegurarse, planteó una nueva prueba —que ocurriera lo contrario— la lana debería amanecer mojada, sin haber rocío en derredor ¡y así ocurrió!
Gedeón marchó con 32.000 hombres para pelear, pero Dios tenía otros planes: hizo que 31.700 volvieran a sus casas y el contingente se redujo a 300 hombres. Quería demostrarles su grandioso poder.
La estrategia para el ataque fue divina: los 300 rodearon de noche el campamento de sus perseguidores. A una señal, tocaron las trompetas, quebraron los cántaros, descubrieron la luz y dieron un tremendo grito. Sus enemigos entraron en pánico creyéndose atacados por un gran ejército; la confusión los llevó a matarse unos a otros en la oscuridad. 15.000 huyeron, pero 120.000 murieron por la mano de Dios. Ninguno de los israelitas perdió la vida.
En momentos de alta beligerancia en Bolivia, muchos están dispuestos a pelear y morir como los 300 de Leónidas, porque no saben lo que hicieron los 300 de Gedeón. ¡Qué diferente sería la historia si comprendiéramos que la lucha no es contra carne ni sangre, sino contra huestes de maldad en las regiones celestes, y que la batalla es de Dios! ´Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra´, dice el Señor.
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente del IBCE.
La vida continúa
Mucha gente está pintando una realidad fatal después del 4 de mayo. Esa es una apreciación bastante exagerada, ya que el 5 continuará lo mismo, y el 6 seguirá siendo víspera del 7 y así sucesivamente. Los protagonistas habrán festejado el triunfo político toda la noche, otros inclusive volverán afónicos a sus casas de tanto gritar sobre la autonomía.
Linchamiento de alcaldes
El asesinato del periodista de la radio municipal en Pucarani, el secuestro de concejales en Inquisivi, los destrozos en el domicilio de la Presidenta del Concejo de Coripata, el incendio de casas de propiedad de los ediles en Llallagua y la violenta agresión a los concejales de Uncía, son una muestra de muchos hechos similares que vienen aconteciendo en los municipios, coincidentemente todos con el propósito de forzar la renuncia de alcaldes y concejales a sus cargos e imponer nuevas autoridades.