A veces sucede que, por entre las rendijas de los muros resecos de las iglesias, aparece un trébol que arregla el día a los más pesimistas. Sucedió durante el Festival de Chiquitos. Las voces e instrumentos del Coro y Orquesta
Urubichá armonizaron cada resquicio eclesiástico, en una demostración de que la buena música, no entiende de lenguas.
Dirigidos por William Ajhuacho, la veintena de artistas guarayos estructuró sus seis conciertos en tres partes: Ensamble de metal, ensamble de cuerda, y la actuación del Coro y Orquesta. La guinda final la ponía una chovena anónima en su idioma natal, el guarayo, que habla de un pececito que salta, salta y salta. “Los aplausos que recibimos cuando interpretamos esta canción son especiales, porque la gente que participa de nuestros conciertos no entiende la letra, pero la siente como suya. Y eso nos da ánimo”, resume el violoncelista y contrabajista Juan Carlos Aguape Orepocanga, que fue uno de los primeros alumnos del instituto de Urubichá y hoy, con 26 años, es ya profesor.
Creado en 1996, el Coro y Orquesta Urubichá ha visitado Europa. “A estos chicos, la Orquesta les ayuda mucho. La música es para ellos una fuente para seguir hacia delante”, dice Aguape.