Más allá de los cuestionamientos sobre la legalidad o inconstitucio- nalidad del proceso a los que ya nos referimos anteriormente, el dato contundente del domingo fue la participación de más de medio millón de ciudadanos que en Santa Cruz acudió a las urnas y, en un porcentaje que excede el 80%, los concurrentes aprobaron el Estatuto autonómico en el área urbana y rural.
Este hecho político demuestra un sentimiento regional evidente —incluso si se tratara de una costosa encuesta, como en algún momento señaló el Vicepresidente de la República— y precisa ser asumido como un elemento crítico en esta difícil situación de pulseta política que vive el país.
Está claro que no es viable una aplicación plena de las autonomías votadas el domingo sin un marco constitucional nacional que ampare esta decisión y del que actualmente carece. También es preciso señalar que este es un primer referéndum de varios previstos en otros departamentos que irán ampliando su impacto nacional. Por estas razones, es cada vez más apremiante retomar el proceso de discusión de la reforma estatal iniciado hace más de un año, en cuyo centro sin duda se encuentra el tema de las autonomías.
Es cierto que la realización del Referéndum ha generado un ambiente menos propicio para el diálogo en esta guerra de movimientos, sobre todo si se insiste en establecer condiciones irrenunciables de uno u otro bloque y en reducir la negociación a la presencia de sólo dos actores protagónicos: el Gobierno, por una parte, y los prefectos por otra. En realidad, la única condición necesaria para iniciar un nuevo diálogo debe ser la apertura a que ambos textos (el Estatuto aprobado el domingo y el texto constitucional entregado a mediados de diciembre) puedan ser revisados y compatibilizados; si no, ¿de qué vamos a hablar? Por otra parte, la disputa y el debate se han centrado en dos actores —críticos, es cierto—, pero no absolutos en las decisiones nacionales. ¿Dónde están los otros actores sociales y políticos del país?
Los partidos políticos con representación parlamentaria y constituyente con mandato vigente parecen haber pasado a la clandestinidad, junto con otros movimientos y ciudadanos que con seguridad son afectados por la situación, por lo que la otra condición para intentar un nuevo acercamiento es la apertura del escenario a otros actores para encontrar un mínimo común.
En ese marco, aunque era previsible, aparecen descontextualizados los discursos vertidos tanto por el presidente Morales como por el prefecto Costas al final de la jornada de votación. Discursos plagados de elementos simbólicos y enunciados como ´el nacimiento de una nueva Bolivia´, ´la patria nueva´, ´la segunda república´ por parte de Costas, calificando al Gobierno de tomar actitudes de ´abuso´, ´atropello y ´totalitarismo´.
Y, por otro lado, el discurso de Morales, que acusa a la consulta de ´ilegal´, ´separatista´ y de un ´fracaso rotundo´.
Ante ello, sólo cabe señalar que ni estamos ante una refundación del país como producto de una consulta autonómica regional, ni ante el fracaso de la consulta.
La luz al final del túnel apareció casi al último, cuando ambos se refirieron a una posible apertura al diálogo, con la intuición de que, si no se adopta esa vía, ninguno tiene la opción de triunfar.
*María Teresa Zegada es socióloga.
Devaluación del triunfo de Evo
El afán del presidente Evo Morales de distorsionar y manipular las cifras del cómputo del referéndum sobre el Estatuto Autonómico de Santa Cruz le resultó contraproducente. Puso en evidencia que su triunfo electoral del 2005 no fue por el contundente 53,%, que le atribuyó la Corte Nacional Electoral (CNE).
Tragedia birmana
El pesado balance del ciclón que azotó y devastó el pasado fin de semana parte del sur de Myanmar, donde vive la mitad de una población de 53 millones de habitantes, habla por sí mismo: 22.500 muertos y al menos 41.000 desaparecidos.
Crisis y prioridades
Hace una década se produjo una crisis en el sistema financiero de un gran número de países emergentes. Empezó por el Sureste Asiático. China la eludió y, aunque se considerara que sus medidas habían sido poco ortodoxas, su aceptación fue entusiasta en Davos. El contagio pasó a Rusia y a Turquía y desde allí saltó el Atlántico golpeando primero a Brasil, más tarde a Argentina y a otros de manera dramática.
Insulza no es la OEA
José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, está contribuyendo a una lamentable confusión sobre el verdadero papel de la organización regional.