José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, está contribuyendo a una lamentable confusión sobre el verdadero papel de la organización regional.
Esto hay que aclararlo: la Secretaría General no es la OEA, ni el chileno Insulza es su ´presidente´.
La OEA se rige por la Carta de Bogotá y sobre la Secretaría General contiene definiciones precisas, aunque algunos que ocuparon esa función, como ahora Insulza, se extralimitaron en sus atribuciones, ante la cómoda pasividad de algunos países miembros. Veamos:
— El máximo órgano de la OEA es la Asamblea General, que decide ´…la acción y la política generales de la Organización… y considera cualquier asunto relativo a la convivencia de los Estados americanos´ (Art. 54).
— Sigue, en orden de jerarquía, la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores que debe considerar los ´problemas de carácter urgente y de interés común´ (Art. 51).
— Luego, el Consejo Permanente, que ´conoce, dentro de los límites de la Carta y de los tratados y acuerdos interamericanos, de cualquier asunto que le encomienden la Asamblea General o la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores (Art. 82). Entre sus atribuciones figura la de ´…velar por la observancia de las normas que regulan el funcionamiento de la Secretaría General… (Art. 91).
— Siguen el Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral, el Comité Jurídico Interamericano y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
— Luego, regula las funciones de la Secretaría General que ´cumplirá los encargos que le encomienden la Asamblea General, la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores y los consejos´ y dispone que el secretario general y su personal ´se abstendrán de actuar en forma alguna que sea incompatible con su condición de funcionarios internacionales responsables únicamente ante la Organización´ (Art. 118).
Pero Insulza se inmiscuye, parcializado, en los asuntos de un Estado miembro: Bolivia, con el asentimiento culpable del propio Gobierno boliviano y con la complicidad de los gobiernos populistas y de otros que prefieren la comodidad de asentir y no cuestionar cuando no se trata de sus propios intereses.
Insulza alentó al canciller boliviano Choquehuanca a que presente en el Consejo Permanente un proyecto de resolución. Y se da la siguiente divergencia: el confundido Canciller intentaba que el Consejo se aventure a calificar la legalidad del referéndum sobre el Estatuto Autonómico de Santa Cruz, pese a que en Bolivia hay —aunque desmantelada por el propio Gobierno— la institución que debe calificar la juridicidad: el Tribunal Constitucional.
Ni Insulza ni Choquehuanca contaban con que aún hay países serios, que no están dispuestos a condenar un referéndum democrático, y modificaron nomás el proyecto del MAS, que quedó limitado a la fórmula tradicional: apoyo a un gobierno establecido por elecciones, haciendo votos por la paz, el diálogo y la concertación: ¡saludos a la bandera!
Choquehuanca, con la cola entre las piernas, ¡cuándo no!, Insulza desafiado y Evo Morales sin un arma internacional —la del Alba fue un chiste de mal gusto— para seguir intentando establecer su despotismo populista.
La OEA, al fin, no es Insulza.
*Sergio P. Luís es profesional independiente.
Después del 4 de mayo
Más allá de los cuestionamientos sobre la legalidad o inconstitucio- nalidad del proceso a los que ya nos referimos anteriormente, el dato contundente del domingo fue la participación de más de medio millón de ciudadanos que en Santa Cruz acudió a las urnas y, en un porcentaje que excede el 80%, los concurrentes aprobaron el Estatuto autonómico en el área urbana y rural.
Devaluación del triunfo de Evo
El afán del presidente Evo Morales de distorsionar y manipular las cifras del cómputo del referéndum sobre el Estatuto Autonómico de Santa Cruz le resultó contraproducente. Puso en evidencia que su triunfo electoral del 2005 no fue por el contundente 53,%, que le atribuyó la Corte Nacional Electoral (CNE).
Tragedia birmana
El pesado balance del ciclón que azotó y devastó el pasado fin de semana parte del sur de Myanmar, donde vive la mitad de una población de 53 millones de habitantes, habla por sí mismo: 22.500 muertos y al menos 41.000 desaparecidos.
Crisis y prioridades
Hace una década se produjo una crisis en el sistema financiero de un gran número de países emergentes. Empezó por el Sureste Asiático. China la eludió y, aunque se considerara que sus medidas habían sido poco ortodoxas, su aceptación fue entusiasta en Davos. El contagio pasó a Rusia y a Turquía y desde allí saltó el Atlántico golpeando primero a Brasil, más tarde a Argentina y a otros de manera dramática.