En política, como en el ajedrez, gana el que más rápida y certeramente puede ver la realidad de las fichas sobre el tablero y adivinar las movidas del rival. Esto último es bastante fácil en una Bolivia donde los contendientes son previsibles hasta el hartazgo.
El problema está en ver la realidad sin que en la visión se crucen nuestros deseos, fobias y filias. Lamentablemente, esto es lo que ocurre en la mayor parte de los casos. Lo vemos ahora con el caso de la consulta en Santa Cruz. Sin apasionamientos, veamos las cifras:
Por el Sí votó cerca de medio millón, una cifra nada despreciable, pero bastante próxima a la lograda por quienes apoyaron la autonomía en el referéndum del 2006. Los autonomistas no ganaron a muchos más, ni el Gobierno logró convencer a los opositores.
Si la abstención del 2006 fue del 16% y ahora está cerca del 40%, quiere decir que hay un 24% (uno de cada cuatro cruceños) que le ha hecho caso al Gobierno. Y eso no debería dejar muy contento al Comité Cívico y al Prefecto.
El domingo por la noche oficialistas y opositores celebraban con sonrisas. Los unos porque ´el pueblo había hablado´, los otros porque ésta fue la primera vez en la que militantemente un grupo de cruceños se enfrenta y logra neutralizar a la derecha. Creo, sin embargo, que no hay mucho motivo para la alegría: el Gobierno no logró impedir la consulta, y los cívicos no han aumentado grandemente en la cantidad de personas que les apoyan. Y este último dato es fundamental, porque medio millón de opositores al Gobierno es una fuerza de gran importancia, pero está muy lejos de poder ganar las elecciones. Y al tensar la pita, puede que fortalezcas más a tu enemigo. En occidente (donde están los votos que deciden las elecciones) los masistas no parecen debilitados, y lo prueban sus movilizaciones.
Claro que de por medio está la propaganda, ese arte, desarrollado por los nazis, de dorar la píldora para que el público crea lo que tú quieres que crea y no vea la realidad. No voy a abundar en cómo y por qué la mayor parte de los canales de televisión manipularon la información para maximizar lo que les convenía (por ejemplo, sólo ATB se ´atrevió´ a dar la cifra del abstencionismo) el resto de las redes nacionales ignoró el dato como si no fuera indispensable para entender todo el cuadro, sobre todo cuando uno de los contendientes había llamado precisamente a no votar. Pero lo que sí llama la atención es el porqué a pesar de semejante aparato de propaganda, las cifras no se mueven y la oposición tiene el apoyo de los de siempre y el oficialismo tres cuartos de lo mismo. Quizá los medios no sean tan todopoderosos como se cree. Quizá existan otras formas de construir los imaginarios colectivos que no pasen por la caja de bobos. Un desafío para los comunicadores a la hora de repensar nuestro papel y el de los medios.
Ahora viene el gran desafío de los políticos. Entender que en este tablero ninguno de los dos puede vencer al otro ni imponerle sus condiciones. Como ninguno puede vencer, es hora de llegar a un acuerdo y éste no puede ser otro que: crear autonomías reconociendo gran parte de la Constitución Política aprobada en Oruro. Este sería un escenario en el que ambos contendientes harían tablas para avanzar en el campeonato. Lo contrario es seguir empatando a la mala y por chambones, para retroceder como país.
*Jaime Iturri S. es periodista.
¿El Gobierno del 15%?
Aún a sabiendas de que, a su publicación, esta columna va a lucir algo resfriada; consciente de que lo que diré habrá sido repetido hasta el hartazgo; seguro de que sonaré a poco original e incluso a falto de mejor tema, aún así y todo, voy a seguir con la machacona cantaleta del "¡Por favor, Sr. Presidente!", entonada por quienes tienen algo de "pienso" en el país.
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