Aún a sabiendas de que, a su publicación, esta columna va a lucir algo resfriada; consciente de que lo que diré habrá sido repetido hasta el hartazgo; seguro de que sonaré a poco original e incluso a falto de mejor tema, aún así y todo, voy a seguir con la machacona cantaleta del ´¡Por favor, Sr. Presidente!´, entonada por quienes tienen algo de ´pienso´ en el país. Quiero unirme a ese coro —¿será que califico?—.
Y es que mientras S.E. —dicen que lo peor de la derrota no es el resultado mismo, sino la cara de culo que pone uno (basta con ver a los jugadores del equipo perdidoso cuando se retiran de la cancha para corroborarlo)— se esforzaba por articular las palabras y los números con los que descalificaba las cifras que daban cuenta del contundente triunfo del ´Sí´ en el M4, inmediatamente mi tarjeta de memoria interna se remitió a los días posteriores a la elección en la que quien hoy nos gobierna alcanzó un porcentaje lo suficientemente alto como para ceñirse la banda presidencial sin necesidad de pactos o de someterse a una segunda vuelta.
El caso es que, a efectos de evaluar el comportamiento del electorado en dichos comicios, un grupo de ciudadanos escuchábamos la explicación de un experto en la materia cuyo análisis sostiene que el apoyo efectivo que Morales había logrado rondaba por el 27%; quedaba claro también, siempre según esta interpretación, que del resto de los candidatos uno permanecía al ras del piso y varios estaban prácticamente en el subsuelo.
Tal cosa no quitaba, sin embargo, el hecho de que el candidato del MAS había ganado en buena ley… y esa buena ley se llama Código Electoral, el mismo que prescribe que lo que cuenta como dato para la elección de Presidente y Vicepresidente y para la asignación de escaños parlamentarios es la cantidad de votos válidos. De otra manera, estaríamos razonando como don Guillermo Lora, para quien seguramente Evo Morales gobierna con el 15% de apoyo, puesto que el millón y medio de votos que obtuvo corresponde a ese porcentaje de la población nacional; ¡qué tal!
Por supuesto que a nadie se le ocurrió utilizar estos guarismos para deslegitimar el magnífico desempeño electoral de la fórmula ganadora —esos y otros análisis se los hace con otros fines, por ejemplo planificar una estrategia para un futura elección— y si, de pronto, todos se los restregan en su cara al Presidente es porque fue él, precisamente él, quien abrió esa posibilidad al mandarse semejante necedad. Y es que para esgrimir un argumento hay que asegurarse previamente que el mismo no se vuelva contra uno —efecto boomerang—.
En cuanto a la pregunta formulada en el titular, la respuesta es no; definitivamente no. Evo Morales es el Presidente del 53.7% —otra cosa, muy distinta, es su desempeño como tal— y, en consecuencia, el apoyo al ´Sí´ al Estatuto Autonómico cruceño supera el 80%. Bien hubiera hecho el Primer Mandatario, sobre este respecto, en mantenerse callado en 36 idiomas.
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
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