Bolivia no es un país, es un sindicato creado alrededor de una mina de plata. Un sindicato de mineros y ramas anexas que se complicó cuando las ramas anexas llegaron a ser más importantes que la plata.
La mina comenzó a ser explotada hace mil años por gente propia, los tiwanakotas, y desde hace cerca de 500 años por unos conquistadores que llegaron en busca de riquezas minerales; estaban obsesionados con el color dorado.
Los conquistadores se fueron, tres siglos después, sin saber que habían ayudado a que surgiera la riqueza que habría de ser no El Dorado, sino la Diosa Blanca.
Además de la mina de plata, la segunda actividad económica de los bolivianos iba a ser más imaginativa. En realidad iba a ser un milagro para la imaginación: la coca.
La hoja sirvió durante siglos, con humildad y sumisión, al sistema de producción de la primera mina y de las que le siguieron.
Y de pronto se quitó el poncho y mostró que las pequeñas dosis de droga con que mantenía en pie a los mineros y les postergaba el hambre, eran una riqueza mayor que la plata.
La producción de coca en La Paz fue una exigencia de la mina, cuando la plata debía ser llevada a sociedades con urgencias más complejas.
La coca era imprescindible para el nuevo sistema de explotación. Adormecía los estómagos de los obreros, los mitayos, para que puedan resistir las jornadas de trabajo que los españoles trajeron para unos días que llamaron de otra manera, ordenados en grupos de a siete, de los que seis debían ser de producción continua.
Cuando los españoles se fueron, el sindicato creó la república. La mina siguió con su ritmo de trabajo, y lo mismo ocurrió con las actividades paralelas.
Dentro de la mina, los obreros descubrieron que podían ser libres: si podían usar la coca para tener más aliento, decidieron también adorar en esas tinieblas al enemigo del Dios traído por los españoles.
Fuera de la mina eran esclavos, pero adentro eran libres y la libertad la usaban para contradecir las leyes de los conquistadores.
También quedaron las actividades que habían surgido alrededor de la actividad minera: comenzando por la coca.
Extraño momento de la historia económica en que se habla no de alimento para los obreros, sino de algo con lo que puedan evitar el alimento, o por lo menos distraer el hambre. Estamos hablando del primer proletariado anoréxico de la historia del capitalismo.
La mina daba las soluciones a casi todo. Pero también generaba necesidades. La necesidad de la coca se hizo permanente.
Parecía una hoja inocente, pero en 1859 alguien separó los elementos químicos que contiene. De un total de 28 elementos, nueve resultaron ser alcaloides, y uno de ellos recibió un nombre que se haría famoso: cocaína.
Fue cuando la coca mostró a los bolivianos que podían vivir de ella.
La coca no es solamente la compañera del minero ni la aliada del sistema de explotación, es una riqueza en sí misma. Un recurso natural que puede ser explotado y que puede generar ingresos para miles de personas y puede, por supuesto, producir poder económico, que viene acompañado del poder político.
Bolivia no ahorra para los tiempos de vacas flacas: para esos casos tiene un pecado.
(Extracto de un ensayo sobre la coca y la cocaína, de próxima edición).
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
Autonomías y referéndum revocatorio
Por causa de mis achaques de anciano no escribí esta habitual columna periodística justo en los días del referéndum autonómico de Santa Cruz: Reemprendo pues el trabajo.
Referéndum, que el diablo decida
El referéndum revocatorio, el que en una bravata distractiva sacó de debajo de la manga don Evo Morales a fines del año pasado, nos garantiza ahora una nueva temporada muy movida, tanto que una vez más paralizará al país.
Estadísticas revolucionarias
En mis épocas doradas de estudiante de la UMSA, los grupos trotskistas de esa casa de estudios superiores defendían con tozudez militante los votos nulos y blancos y recomendaban fervorosamente la abstención. Muchos de ellos también practicaban la abstinencia para preservar sus bríos para la revolución que se avecinaba.
Política, bailes y atraso
Bolivia es un país enteramente dedicado a la política y a la danza. En efecto, los juegos de la política son el pan de cada día, el chocolate del queque y el deporte nacional de una buena parte de los ciudadanos; seguidos de las tradicionales danzas, que son las celebraciones que hacen estos grupos políticos cada vez que se produce una victoria sobre sus adversarios.
Nuestro vértigo político
La famosa frase: “La política es el arte de lo posible”, en Bolivia debe transformarse en: “La política es el arte de lo impensable”. En menos de una semana el escenario de un incuestionable triunfo político de Santa Cruz y las regiones sobre el Gobierno, parece haberse transformado en un incierto juego de pronóstico reservado en el que el Presidente y el Gobierno han vuelto a recuperar el protagonismo.
Perspectiva de la minería nacional
Paulatinamente se aclara la perspectiva gubernamental sobre el tema minero: al creciente control estatal de concesiones mineras y del levantamiento paulatino de la reserva fiscal se suma la casi aprobación a nivel de ley de la modificación de los Arts. 68, 69, 76 y 77 del Código de Minería sobre concesiones y contratos de riesgo compartido, con lo que el régimen de concesiones transitará a un sistema de “contrato concesión” donde cualquier emprendimiento será eso: un contrato de operación con el Estado.