El referéndum revocatorio, el que en una bravata distractiva sacó de debajo de la manga don Evo Morales a fines del año pasado, nos garantiza ahora una nueva temporada muy movida, tanto que una vez más paralizará al país.
Una consulta al pueblo sobre si el Primer Mandatario debe seguir en el poder o no, es un mecanismo irresponsable, que sólo resta a la gobernabilidad de un país tan vapuleado por la incertidumbre como el nuestro. Si la costumbre se arraiga, el proceso de cambiar a cada rato a un mandatario hará que los períodos gubernamentales sean cada vez más cortos.
Una vez más, tenemos que agradecer a Evo una cajita de Pandora que sólo traerá desgracias al país. Lo paradójico de la situación actual es que a quien menos le conviene en este momento ese referéndum es a Evo, principalmente porque pondrá en evidencia una notable caída de su popularidad. ¿Por qué puede uno estar tan seguro de eso? Porque en primer lugar no hay inflación que no atente contra el cariño que un pueblo pueda tener por su príncipe, y en segundo lugar porque el encantamiento hacia Evo, bruñido al hastío que algunos sintieron hacia el “sistema”, ya se ha pasado, y con ello algunos puntos con los que Evo pudo llegar al 54% han dejado de pertenecerle.
Ahora bien, paradójicamente, si bien éste es, hasta ahora, el peor momento de Evo, y es posible que un referéndum revocatorio le señale el camino a casa, lo cierto es que aún quienes lo detestan (y no porque es indio sino por la política estatista que está comandando), tengan que hacer algo para que el mesías andino se quede.
Me refiero por supuesto al escenario insostenible en el que a estas alturas se tendría que mover un gobierno que no sea el de Evo Morales, en primer lugar, porque sabemos cuán efectivo puede ser Don Evo como agente desestabilizador.
La situación es abrumante porque si Evo gana el referéndum, el país entrará a galope en la tal revolución cultural, y social y económica que nos tiene prometida, Constitución de La Glorieta incluida, y si lo pierde, entramos a una vorágine de inestabilidad en el peor estilo del año 2003. Venga el diablo y escoja.
Si somos realistas, sólo podemos ver el futuro de Bolivia ya no con escepticismo, sino con un profundo pesimismo. ¿Podrá salir Bolivia de este entuerto sin un baño de sangre? ¿Saldrá enterita? ¿Quiénes serán los verdaderos culpables si algo muy terrible sucede? O quién sabe, tal vez nos salve nuestra sabia mediocridad y ese tantito de cobardía que es parte de nuestra identidad nacional. Es posible que nuestro ajayo nos abandone oportunamente. Pero eso no solucionará nada, seguiremos en la interminable danza de la indefinición.
*Agustín Echalar A. es periodista independiente.
Una economía adicta
Bolivia no es un país, es un sindicato creado alrededor de una mina de plata. Un sindicato de mineros y ramas anexas que se complicó cuando las ramas anexas llegaron a ser más importantes que la plata.
Autonomías y referéndum revocatorio
Por causa de mis achaques de anciano no escribí esta habitual columna periodística justo en los días del referéndum autonómico de Santa Cruz: Reemprendo pues el trabajo.
Estadísticas revolucionarias
En mis épocas doradas de estudiante de la UMSA, los grupos trotskistas de esa casa de estudios superiores defendían con tozudez militante los votos nulos y blancos y recomendaban fervorosamente la abstención. Muchos de ellos también practicaban la abstinencia para preservar sus bríos para la revolución que se avecinaba.
Política, bailes y atraso
Bolivia es un país enteramente dedicado a la política y a la danza. En efecto, los juegos de la política son el pan de cada día, el chocolate del queque y el deporte nacional de una buena parte de los ciudadanos; seguidos de las tradicionales danzas, que son las celebraciones que hacen estos grupos políticos cada vez que se produce una victoria sobre sus adversarios.
Nuestro vértigo político
La famosa frase: “La política es el arte de lo posible”, en Bolivia debe transformarse en: “La política es el arte de lo impensable”. En menos de una semana el escenario de un incuestionable triunfo político de Santa Cruz y las regiones sobre el Gobierno, parece haberse transformado en un incierto juego de pronóstico reservado en el que el Presidente y el Gobierno han vuelto a recuperar el protagonismo.
Perspectiva de la minería nacional
Paulatinamente se aclara la perspectiva gubernamental sobre el tema minero: al creciente control estatal de concesiones mineras y del levantamiento paulatino de la reserva fiscal se suma la casi aprobación a nivel de ley de la modificación de los Arts. 68, 69, 76 y 77 del Código de Minería sobre concesiones y contratos de riesgo compartido, con lo que el régimen de concesiones transitará a un sistema de “contrato concesión” donde cualquier emprendimiento será eso: un contrato de operación con el Estado.