La gente convivirá por siempre con el resfrío El resfrío es la dolencia más común del ser humano. Es producto de la infección causada por varios tipos de virus, cuyo número exacto se desconoce, mutan de manera anual, inutilizando los medicamentos actuales.
Son muy pocos los que se libran de sufrirlo al menos una vez al año. Se adquiere con facilidad en los lugares públicos y espacios hacinados, por lo que los colegios, oficinas y el transporte público son un caldo de cultivo.
Pese a los remedios milagrosos de los charlatanes o a las recetas de las abuelas, los médicos aseguran que el resfrío común no tiene cura, por lo que hasta ahora la medicina sólo ha alcanzado a combatir sus síntomas
“Las abuelas dicen que ‘los resfríos de sacristán, cantando vienen y cantando se van’, pues bien, esa es la mejor descripción del resfrío. No tiene cura, se debe esperar a que la infección cumpla su ciclo”, explica el jefe de Infectología del Hospital de Clínicas de La Paz, Enrique Revollo.
“No hay ningún tratamiento destinado a combatir la enfermedad porque tampoco existe un solo agente responsable de ocasionar la infección”, agrega la jefa de Virología del Instituto Nacional de Laboratorios de Salud (Inlasa), Aleida Nina.
En efecto, mientras otras dolencias virales como la gripe o la viruela tienen un tipo específico de virus que causa la infección, el resfrío se puede encontrar en varios y diversos ejemplares.
Nina indica que, hasta el momento, se pudo determinar que los virus influenza, parainfluenza, adenovirus, y respiratorio sincicial pueden provocar el mal.
No obstante, estos especímenes sufren cambios pequeños en su estructura cada año, modificando sus configuraciones y, en el caso que se aplique algún tratamiento que dé resultado, los fármacos aplicados en su contra podrían perder utilidad.
Esto obliga a que las vacunas para enfermedades como la gripe (que muchos consideran equivocadamente es sinónimo del resfrío) tengan que ser actualizadas anualmente. Esta mutabilidad y la composición de los virus evitan que exista un tratamiento antiviral 100 por ciento efectivo.
“No hay un remedio, un antibiótico, ni siquiera una macumba que acabe con los virus. Lo único que funciona es la prevención”, asegura Revollo.
Nina coincide con este criterio. Para la viróloga, “la persona debe tomar medidas que reduzcan el riesgo de contagio, ya sea mejorando la dieta, tomando vitamina C o con mayor higiene”.
Los virus son partículas de ácidos nucleicos; la sustancia que contiene el código genético del núcleo de las células vivas está rodeada de una cápsula de proteínas y lípidos. Estos gérmenes necesitan de las células vivas para poder reproducirse.
En general, los gérmenes ingresan al cuerpo de diferente forma, lo cual ayuda a determinar el tipo de prevención a emplear, pero aquellos que causan el resfrío son adquiridos por vía aérea, lo que hace imposible su control.
Según Nina, la mayoría de los organismos humanos tiene “memoria inmunológica” de la infección del resfrío, por lo que las defensas pueden contener las infecciones antes que empiece.
Pero, si el virus sobrepasa las defensas (en el caso que se trate de una nueva mutación o la persona sufra deficiencia inmunológica o de vitaminas), uno se infecta y no hay nada más que hacer que paliar los síntomas.
El resfrío común ataca a las vías respiratorias superiores del ser humano (nariz, garganta). Los síntomas más frecuentes son fiebre, exceso en la mucosidad (rinorrea), ojos lagrimosos, dolor de cabeza y una tos raposa. Los medicamentos, caseros o científicos, atacan estos malestares, proveyendo alivio parcial al enfermo durante el resfrío.
“En la Carrera de Medicina hay un dicho. Para el resfrío: cama, trago y aspirina. Además se dice que al resfrío hay que disfrutarlo, hay que esperar los 12 días que tarda en desaparecer el virus”, considera Revollo.
La cama representa, según el galeno, el aislamiento y descanso al que debe someterse el paciente para no propagar el virus. El alcohol, en cantidades pequeñas y combinado con bebidas calientes, ayuda a sudar y acelerar el periodo de incubación de la enfermedad. Finalmente, los medicamentos reducen el dolor de cabeza, la fiebre y moqueo.
Aunque el resfrío no es mortal, puede presentar serios agravantes para personas cuyas defensas corporales son bajas, o derivar en enfermedades más graves, como la gripe. El lenguaje popular equipara a la gripe o influenza con el resfrío, sin embargo, no son la misma enfermedad. “La diferencia es muy difícil de notar, ya que tienen síntomas parecidos y ambas son producidas por el mismo virus”, dice Nina.
A diferencia del resfrío, la gripe ataca las vías respiratorias inferiores, pudiendo dañar bronquios, pulmones y provocar neumonías agudas. Además, llega acompañada del síndrome álgico, que es dolor en los músculos, articulaciones, nervios, entre otras zonas del cuerpo.
Nina explica que otra diferencia es que la gripe muta cada 30 ó 40 años, reconfigurando su estructura genética y produciendo variedades nuevas y letales, como es el caso de la gripe aviar.
Según Revollo, los nuevos ejemplares pueden crear epidemias y pandemias que abarcan “ciudades, países e incluso continentes, matando a miles de personas, como ocurrió después de la Primera Guerra Mundial”.
El virus necesita una célula viva
Desde el descubrimiento de la existencia de los virus en 1892, los científicos han tratado de determinar su naturaleza.
La viróloga Aleida Nina indica que “el virus no es un organismo en el sentido estricto de la palabra”, ya que no presenta señales de vida fuera de un organismo huésped. Para reproducirse, los virus necesitan infectar una célula viva, que pude ser desde una bacteria hasta las que componen el cuerpo humano, para poder reproducirse.
El germen utiliza a la célula infectada para copiar su código genético, creando miles de copias de sí mismo hasta que agota los recursos del huésped.
Estos gérmenes, cuyo tamaño varía de 24 a 300 nanómetros (milésimas de metros), están compuestos por un ácido nucleico —la sustancia que contiene información genética y generalmente se encuentra en el núcleo de las células vivas—, recubierto por una cápsula de proteínas o lípidos.
Las formas varían según su ácido, que puede ser ARN o ADN y la forma de su cápsula.