Mario Miranda Pacheco ha muerto dejándonos un sombrío rumor de congojas inconsolables.
En la evocación reverencial se ilumina la recia figura de Mario, como cincelada en noble basalto revelando sus rasgos severos, desde donde brotaba su luminosa inteligencia cautivante con su palabra precisa y galana, traductora de la hondura de su pensamiento activo, creador de intelectuales prodigios.
Como un árbol florido tronchado repentinamente queda su raíz intacta, prodigando su vitalidad germinal, que envuelve con su sabiduría, nuestros recuerdos impregnados de su esplendor ilustre.
La juventud de Mario, animada por el fervor de su inclinación revolucionaria, agitó su espíritu con el caudal virtuoso de sus ambiciones socialistas. Fundador del Partido Socialista Boliviano alternó, en la orientación y guía partidaria, con Marcelo Quiroga Santa Cruz y Guillermo Aponte Burela.
Su temperamento de conductor político, enaltecido por su vibrante oratoria de verbo esclarecedor y persuasivo, diseñaba su personalidad ilustrada descollante, amparada por su formación universitaria de abogado y de Licenciado en Filosofía y Letras.
Los adversos vientos de las autocracias persecutorias lo llevaron a México, donde su competencia y experiencia docente universitaria en nuestra Facultad de Filosofía y Letras fue acogida por la eminente UNAM, donde fue distinguido con el más alto reconocimiento de esa Universidad mexicana.
La fecundidad de su pluma inquisitiva y discursiva se plasmó en caudalosa producción filosófica, donde su conocimiento abarcador de límpida precisión semántica era venero penetrante de ideas originales contenidas de exigente impulso pedagógico. Su prolífica obra creadora no estuvo plenamente acopiada bibliográficamente, sino siste- máticamente divul- gada en publicaciones especializadas en los predominantes temas filosóficos e históricos de su preocupación esencial, sin contar la profusa obra sobre temas sociales relacionados estrechamente con nuestro país.
Prosador brillante, sistemático y erudito ha dejado trunco su libro de ´memorias´, íntimo cofre confidente de su vida y obra, que impregnado de fidelidad hubiera revelado la plenitud de un espíritu refinado, guía de su temperamento ecuánime y sagaz condicionado por una conducta inmaculada.
El genio investigador de Mario promovió su relevante linaje de catedrático eminente, escritor profundo y orador vibrante de eficaz persuasión.
Su mejor obra fue su propia vida, colmada de leal generosidad y solidaria comprensión, eximida de los estigmas del encono y la envidia.
Esta ausencia imprevista nos deja a sus amigos una dolorosa oquedad espiritual, aparejada a una tristeza de perenne desconsuelo.
*Armando Soriano B. es escritor.
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