Cuando escribimos esta nota no sabemos si los prefectos autonomistas asistirán al diálogo con S.E. en La Paz. Imaginamos, empero, que el buen tino los hará desistir de tan disparatada reunión, donde no hay nada qué tratar y cuando el Gobierno, luego de la paliza del 4 de mayo, quiere levantar cabeza. Ir a sentarse con S.E. será echar pie atrás con los referendos de Beni, Pando y Tarija, como primera exigencia para el ´diálogo´. Y desistir de la elección prefectural en Chuquisaca. Además, será someterse a la falaz posición gubernamental de prescindir de la Iglesia —´el sindicato opositor´— como facilitadora. Y seguramente para que la OEA vuelva a enterarse de lo que ya está enterada, claro que ahora a través de un funcionario de menor rango. Insulza, Caputo, Alconada, es la medida del interés que tiene la OEA por la cuestión boliviana.
Pero, además, ¿qué le van a decir a S.E. sobre el disparate mayúsculo que es el referéndum revocatorio? ¿Los prefectos van a ratificar lo que desean los partidos políticos? ¿Van a liberar a los masistas de la incómoda posición en cuclillas en que los tienen? Los prefectos deberían continuar con el programa que han trazado y no apartarse de ahí. Sería iluso pensar que Evo Morales y García Linera se van a ir a su casa si no les va bien en un referéndum revocatorio. ¡Pero por Dios! ¿Acaso no estamos escaldados de oír cantos de sirena y de ofrecimientos que nunca se cumplen por parte del Gobierno? ¿Y vamos a ser tan idiotas de creer que en agosto Evo va a abandonar el poder? Sólo con las dos preguntas del referéndum revocatorio ya se parte en desventaja. El ´proceso de cambio´, aunque nadie lo entiende ni lo ve, atrae. Sin embargo, ´la continuidad de las políticas, las acciones y la gestión del prefecto´ atraen en pocos lugares. Luego viene una tramposa aritmética en la que es imposible echar a S.E. pero sí es posible que S.E. eche a la calle a varios prefectos. Es cosa de sentarse con lápiz, papel, y calcular. Según mis cálculos, si no soy tan cojudo como algunos políticos, Evo Morales, aún perdiendo algo más de 200 mil votos con relación al 2005, seguiría en el poder. Y Paredes, por ejemplo, habiendo logrado un triunfo formidable en La Paz, podría salir por la ventana matemáticamente. Y le sucedería lo mismo a Reyes Villa en Cochabamba. ¿Por qué correr el riesgo?
Si los políticos se han metido en este berenjenal, para sacar la cabeza del agua, que sean ellos los que arreglen la situación. Pero que los prefectos vayan a La Paz a sentarse con los Pitágoras del Palacio, es un desatino. La maquinaria publicitaria del Gobierno los va a triturar. ¡Pero si la moledora de carne no se ha detenido todavía en contra de la autonomía! ¿No es una cojudez hacerle el juego al Gobierno?
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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