El siglo XXI se configura geoestratégica y geopolíticamente alrededor de la explotación sostenible de recursos naturales a partir de un nuevo sistema de poder basado en una globalización económico-financiera y tecnológico-informacional. Para el desarrollo político, social, económico y cultural de cualquier nación, se constituye un factor estratégico de poder la posesión de reservas energéticas, su control y acceso. En ese contexto y a dos años de un nuevo proceso político que pretende administrar una de las reservas hidrocarburíferas más importantes de la región, se plantean las exigencias en el mediano plazo de la industria energética boliviana asociada a la explotación intensiva de estos recursos y al cambio de la matriz energética (en la región y el mundo) hacia fuentes alternativas de producción de energía (hidroelectricidad, solar, nuclear, eólica, mareomotriz, biocombustibles, biomasa) y la viabilidad tecno-productiva de transformación de nuestra industria para evitar la vulnerabilidad estratégica de mantener un paradigma hidrocarburífero.
La transformación de YPFB en una corporación si bien apunta a una mejor gestión empresarial en este campo, deja de lado el enfoque energético que se constituye contemporáneamente en el modelo de desarrollo y evolución del sector. Un ejemplo de ello es el plan estratégico de Petrobras para, sin dejar el corazón de sus actividades petroleras, incursionar y desarrollar energías alternativas contribuyendo a ampliar su área de actuación y establecerse como empresa integrada de energía.
Es necesario desarrollar una visión prospectiva sobre el papel de la más importante organización empresarial boliviana hacia el futuro, pues se corre el riesgo de que YPFB continúe y se posicione como generador primario de energía basado en hidrocarburos e intensifique la explotación del gas hasta agotar reservas sin considerar la biodiversidad y las nuevas energías alternativas a desarrollarse como factor de generación y aprovechamiento energético. Es posible que en el futuro, YPFB no tenga la capacidad administrativa, financiera, científica y tecnológica y pierda el carácter estratégico de núcleo energético del cono sur.
A partir de una perspectiva corporativa y sobre todo de una visión prospectiva, YPFB debería transformarse en una organización energética, desarrollando una reingeniería corporativa dirigida a su transformación en organización de energía con el aprovechamiento de la biodiversidad existente en el país y la generación de nuevas alternativas, como factor estratégico de poder. Para ese cometido, es necesario determinar bases políticas y estratégicas en esta área, desarrollando una visión energética holística de capacidades corporativas; crear unidades de investigación y desarrollo de alternativas; certificar las fuentes energéticas tanto tradicionales —hidrocarburos— como emergentes evitando daños al medioambiente; y consolidar la diversidad energética potencial del país.
¿Estamos aún a tiempo de comprender el nuevo escenario en el mercado mundial de generación de energía? ¿O, por el contrario, mantendremos una visión político-ideológica sobre la importancia y dependencia del gas que no permita vislumbrar el mañana y deje a YPFB Corporación con una importancia marginal, en un contexto ampliado de desarrollo y utilización de energías más allá del gas?
*Juan Carlos Ponce de León I. es Diplomado en Altos Estudios Nacionales.
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