Que me perdone el Sr. Presidente si me permito disentir de una de sus últimas referencias a la Iglesia y al cardenal Terrazas. De ninguna manera es admisible decir que ´el Cardenal y su cúpula ya es un sindicato opositor al Gobierno´. ¿Cuándo lo han sido? No lo son ni lo serán porque su misión es predicar la palabra de Dios sin esperar recompensa humana alguna, ni los suculentos empleos que los poderosos reparten a sus serviles obsecuentes. Y en lo que toca a la convivencia social, la misión de la Iglesia no es hacer oposición; esto compete a los políticos que, en democracia, tienen derecho y a veces la obligación de estar en desacuerdo con determinados gobiernos. Por el contrario, la misión de la Iglesia es facilitar el entendimiento y la concordia con el objeto de que la sociedad alcance el bien común. Objetivos que el actual Gobierno está muy lejos de cumplir. ¡Qué ingratitud la de Don Evo cuando soltó la impertinencia que comentó! ¿Acaso no dijo, cuando le convino, que el Cardenal era su amigo? Éste último sabe mejor que nadie cuántos desvelos tuvo que soportar, él y ´su cúpula´, para tender la mano concertadora. Pero Don Evo Morales Ayma la rechazó con injusto desdén, tal vez porque se cree imbatible.
La inoportuna actitud del Sr. Presidente tiene mucho parecido a los viejos arrebatos de anticlericalismo que salpicaron la historia en los últimos siglos, o de los antiguos resabios del liberalismo comecuras, y más tarde los del socialismo marxista ateo. Tales resabios se repiten cíclicamente y no por esto la Iglesia ha dejado de cumplir con la misión que Jesús le encomendó. Esos despropósitos son una de las formas con que las que muchos poderes públicos tratan de intimidar o manipular a la Iglesia, justo cuando esos poderes no soportan que les digan que se equivocan.
Las ligerezas con las que el Sr. Presidente ha molestado inútilmente a la Iglesia boliviana podrían pasarse por alto, si fuesen dichas por un ciudadano cualquiera. Pero no por un Jefe de Estado de un país mayoritariamente católico y cuyo Cardenal ha merecido el respeto aún de los no católicos. Parecería que el Presidente se esmera en perder puntos en el aprecio popular. Por lo demás, Don Evo —y no Mons. Terrazas y su ´cúpula´— es quien más pierde. Y creo que el señor Morales tiene otros asuntos de qué ocuparse. Pongo por ejemplo las autonomías departamentales, el laberinto del referéndum revocatorio, la subida de precios de los artículos de primera necesidad, la reputación del Gobierno ante el pueblo y ante la comunidad internacional, y qué sé yo cuántas cosas más.
Dicho esto, cambio de tercio —como se dice en el arte de la lidia— y me permito decirle a Don Evo Morales, sindicalista a la vez que Presidente, que la Iglesia continuará cumpliendo su misión y volverá a tender la mano para ayudar al país a salir de los atolladeros en los que nos enfangan algunos políticos. Jesús nos ordenó perdonar ´setenta veces siete´.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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