La Unión Europea y América Latina y el Caribe se reunirán por quinta vez al más alto nivel político en la cumbre que tendrá lugar este 16 de mayo en Lima.
Cuando nos reunimos por primera vez en la Cumbre de Río, nos hallábamos ante un mundo muy diferente al actual y la región de América Latina y el Caribe no contaba aún con las impresionantes tasas de crecimiento registradas en los últimos cinco años.
Cuestiones como el cambio climático y el calentamiento global aún no ocupaban nuestra agenda birregional con la importancia que lo hará en la Cumbre de Lima, o en la agenda doméstica e internacional de la Unión Europea.
Otras cuestiones, como la lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión, han estado presentes de manera permanente en nuestro diálogo y cooperación desde un principio, pero los fundamentos macroeconómicos de la región no eran tan favorables como lo son ahora.
Quizás una de las razones más visibles para profundizar en la asociación estratégica entre nuestras regiones es, sin duda, el creciente flujo de personas y mercancías que transitan con cada vez mayor frecuencia por nuestras fronteras. Pero también lo hace la polución que contribuye al cambio climático, y que a su vez puede afectar cosechas y a nuestra seguridad alimentaria.
Tenemos que conseguir que nuestras fronteras sean porosas para trabajadores e inversiones, pero implacables con quienes trafican con la vida y la seguridad de nuestros ciudadanos, contribuyendo además a perpetuar la pobreza y la miseria en nuestras sociedades.
Nadie debe pensar ni por un instante que Europa va a Lima a hablar de pobreza o exclusión social como si fuera un problema ajeno a nuestro continente. El número de europeos viviendo en situación de precariedad es mucho mayor de lo que la mayoría de los ciudadanos latinoamericanos y del Caribe podrían pensar, por lo que éste es un tema que afecta e interesa a ambas regiones.
Europa tiene un gran interés en el desarrollo de los procesos de integración en Latinoamérica y el Caribe, en su impacto en cuestiones como la pobreza y en el fomento de las buenas relaciones necesarias entre vecinos con intereses comunes. Es por ello que la Comisión Europea acude a la Cumbre de Lima con la intención de avanzar en los acuerdos de asociación que se están negociando con la Comunidad Andina y con Centroamérica, con la ambición de concluir estos acuerdos en el 2009.
Estos acuerdos van mucho más allá que los simples tratados de libre comercio bilaterales, pues en Europa conocemos bien sus limitaciones si no van acompañados de diálogo político y de cooperación solidaria para afrontar asimetrías, por lo que desde nuestra perspectiva, estos acuerdos son reflejo fiel del apoyo de la Unión Europea a la consolidación de la integración regional latinoamericana y caribeña.
Pero también tenemos que ampliar el marco de nuestros objetivos y acciones si queremos garantizar el éxito de todos estos procesos. Me refiero al otro tema principal que vamos a discutir en la Cumbre de Lima: el medio ambiente, el cambio climático, el desarrollo sostenible, la energía. Así como la inflación, ya sea sobre alimentos o combustibles, afecta con más dureza a los sectores más vulnerables de nuestras sociedades, los nuevos desafíos del cambio climático están directamente relacionados con el desarrollo sostenible, en el cual los biocombustibles, aquellos que no repercutan negativamente en la producción agrícola, pueden jugar un papel importante.
Nunca conseguiremos construir suficientes escuelas y hospitales si las crecidas de los ríos en nuestros valles o los ciclones que azotan nuestras costas siguen aumentando en regularidad y capacidad destructiva. Es por ello que la lucha contra el Cambio Climático se encuentra en un lugar de máxima importancia también en la agenda de la Unión Europea.
El fuerte interés europeo por el tema medioambiental y el desarrollo sostenible no debe poner en tela de juicio ni por un instante nuestro compromiso por reducir la pobreza. Simplemente consideramos que son dos caras de una misma moneda. Es por ello que en Europa damos una importancia cada vez mayor a la repercusión de las cuestiones medioambientales en nuestras relaciones exteriores y en nuestra política de cooperación al desarrollo.
La misma importancia que le damos en el ámbito interno, pues la Unión Europea se encuentra en plena reformulación de sus matrices energéticas y su manera de producir, con el objetivo de alcanzar el desarrollo sostenible del que trataremos en esta V Cumbre de Lima, y cuyos resultados inspirarán nuestra agenda común.
Los nuevos desafíos del cambio climático están directamente relacionados con el desarrollo sostenible.
*José Manuel Barroso es presidente de la Comisión Europea.
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