En este mes de mayo, cabe recordar unos convenios suscritos con Chile a fines del siglo XIX que pudieron haber solucionado el problema marítimo nacional nueve años antes del Tratado de Paz de 1904.
El 18 de mayo de 1895 se firmaron tres tratados con el fin de llegar a la solución definitiva de la Guerra del Pacífico, ya que hasta entonces sólo subsistía el Pacto de Tregua del 4 de abril de 1884, que provisoriamente había dado por concluido sólo el estado de guerra.
De esos tratados, destacan dos: el de Paz y Amistad y el de Transferencia de Territorios. El primero confería a Chile el dominio perpetuo del litoral boliviano, pero otorgaba a nuestro país libre tránsito por todos los puertos chilenos; el segundo determinaba la cesión de Tacna y Arica a Bolivia siempre que Chile pudiese obtener la posesión de dicho territorio, controlado por ese país, pero sujeto a las disposiciones del tratado chileno-peruano de Ancón de 1883.
De acuerdo con el Tratado de Ancón, Chile quedaba en poder de Tacna y Arica por diez años, al cabo de los cuales un plebiscito determinaría quién se quedaría con la posesión definitiva de esas provincias, si Perú o Chile. La posibilidad de que este último perdiese en el plebiscito estaba contemplada en el Tratado de Transferencia de Territorios. En este caso, debía ceder a Bolivia una caleta al sur de las mencionadas provincias, preferentemente Vítor. Si ello ocurría, entregaría además cinco millones de pesos para que nuestro país pudiese iniciar la construcción de un ferrocarril de Vítor al altiplano.
Estos dos tratados que hubieran asegurado una salida al mar para el país, desgraciadamente, no llegaron a perfeccionarse. La oposición encabezada por el Partido Liberal puso trabas para su aprobación congresal. Esta sólo se logró en base al compromiso chileno, obtenido mediante un protocolo adicional que se firmó el 9 de diciembre de ese año, de garantizar que en la caleta Vítor se pudieran satisfacer ´las necesidades presentes y futuras del comercio e industria de Bolivia´. El Congreso chileno nunca aprobó el protocolo y, de este modo, comenzó una larga discusión entre los dos estados contratantes para buscar nuevas interpretaciones del mismo, que no llegó a resultado alguno.
Mientras tanto, la situación internacional fue cambiando: Chile arregló su diferendo con Argentina y ya no demostró mucho interés por Bolivia. Y lo que determinó la conclusión definitiva de esos acuerdos fue la subida al poder del Partido Liberal, que mantenía su fama de enemigo de Chile. Es triste recordar que este partido, tan patriotero y guerrista, terminó por inclinarse ante Chile y suscribir el Tratado de Paz de 1904, dejando a Bolivia encerrada en sus montañas.
Pero no se debe culpar sólo al Partido Liberal por el fracaso de tan importantes acuerdos que pudieron hacer de Bolivia, un país ribereño al océano Pacífico. También el gobierno de entonces, presidido por Mariano Baptista, tuvo responsabilidad de ello a causa de la tibieza con que manejó el asunto debido a las insinuaciones del Gobierno argentino de una posible alianza trilateral (con Bolivia y Perú). Desde la Guerra del Pacífico, nuestro país se fue acostumbrando a esperar a que otros le arreglen sus problemas, y el resultado siempre fue decepcionante.
A este respecto, es importante recordar la resolución de la OEA de 1979, que provocó un gran entusiasmo e hizo creer a nuestro ingenuo pueblo que obligaría a Chile a negociar con Bolivia. Pero luego fueron aprobadas otras nueve por dicho organismo y la situación no varió. Moraleja: No se debe exagerar en nuestras pretensiones sobre el mar, hay que pedir sólo lo mínimo necesario, es decir, un corredor desde el país hasta la costa; y no se debe asimismo confiar en que otros estados u organismos puedan obligar a Chile a sentarse en la mesa de negociaciones.
*Ramiro Prudencio L. es diplomático e historiador.
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