Medio centenar de jefes de Estado de la Unión Europea y América Latina se reúnen hoy en Lima para hablar del calentamiento global, la crisis alimentaria y la desigualdad, en un clima enrarecido por una serie de tensiones políticas en la región andina.
La llegada a Lima de los presidentes Hugo Chávez (Venezuela), Álvaro Uribe (Colombia) y Rafael Correa (Ecuador) presagia turbulencias en una cumbre convocada para buscar una posición común en la lucha contra la pobreza y el cambio climático.
Previo a la llegada de los mandatarios a la capital peruana, en Bogotá la Policía Internacional (Interpol) divulgó un peritaje sobre la información contenida en computadores recuperados a las FARC que, según Colombia, dan cuenta de nexos de Caracas y Quito con las FARC.
La presencia anunciada de Chávez genera remezones en otras direcciones: así como el año pasado en la Iberoamericana de Chile tuvo una seria disputa con España (que podría solucionarse ahora en Lima), ahora enfiló baterías hacia la canciller alemana, Angela Merkel, que previamente descalificó al gobierno de Caracas.
“Europa ha tenido hasta ahora una mirada paternalista hacia América Latina, pero a partir de estas cumbres hemos podido dejar de pasar el sombrero por acuerdos más horizontales y menos verticales“, reflexionó el canciller peruano, José Antonio García Belaúnde, para expresar la nueva relación que se espera con el continente europeo.
Hay ausencias sensibles: el presidente francés, Nicolas Sarkozy; el primer ministro británico, Gordon Brown, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. En América Latina tampoco se producirá la esperada venida del presidente cubano, Raúl Castro, quien estará representado por su vicepresidente, José Ramón Machado.
Las relaciones entre Europa y América Latina no pasan por su mejor momento por el estancamiento de los acuerdos de asociación. Mientras Venezuela, Bolivia y Ecuador adoptan una línea decididamente antiliberal, otros como Perú o los de América Central prefieren mirar hacia Estados Unidos o el mercado asiático que no imponen, como los europeos, códigos de conducta en materia de derechos humanos. Lima, AFP