Desde el 2000 a partir de las rebeliones sociales y desde la intensificación de los pedidos de autonomía departamental, incluyendo las épocas de la agenda de octubre y de la de enero, pasando por las elecciones generales de diciembre del 2005, después de la de asambleístas, y el desarrollo de múltiples cabildos autonómicos, un tema nodal está presente dentro de los retos políticos del país, él se refiere a la reconstrucción del Estado boliviano, a la modificación de sus estructuras, su tránsito de Estado unitario centralizado a uno descentralizado, quizás unitario, o tal vez a otro con grados de federalismo. Este es el núcleo de la cuestión política en Bolivia.
Los referendos revocatorios, sea del Presidente o el de los prefectos, lo único que hacen es posponer la discusión profunda de ese tema. Pareciera ser que políticos de un lado o de otro, al plantear el camino de esos referéndums quisieron eludir el problema; recurriendo a simples cálculos políticos, unos quisieran que el Presidente baje su legitimidad o sea revocado y otros desean que ciertos prefectos sean revocados. Pero, aun en las circunstancias más extremas, de que se revoque a quien sea, lo que queda en escena es un hecho real, el Estado boliviano se está transformando, se está descentralizando de facto. Lo que resta es aceptarlo y crear el ambiente para un gran pacto nacional, en el cual unos y otros entiendan la necesidad de descentralizar el Estado, pero simultáneamente fortalecer el Estado sin caer en centralismo estatal. Repetimos, es necesario descentralizar, pero a la vez no es aconsejable dejar a un Estado central desnudo. Es preciso un encuentro regional, de todos quienes quieren autonomía con aquellos que por, de pronto, se oponen, pero que andando el tiempo caminarán hacia la ruta autonómica.
Mientras no haya esos acuerdos políticos, regionales, mientras los actores políticos no se reconozcan entre sí, no se construirá viabilidad para el Estado boliviano y, lo que es peor, no se podrán enfrentar las grandes tareas de atención de las necesidades mayoritarias de la población. La lucha contra la pobreza y el de-safío de la inclusión no se la realizará con éxito con actitudes políticas que tratan de posponer los problemas y no los enfrentan en un clima de concertación, que es el único que puede dar soluciones para todo el país y no solamente para una parte de él.
Carlos Toranzo Roca es Director de Tiempo Político.