No soy adicto a ser nombrado padrino, más por un sentido de responsabilidad que por las molestias que a veces significa ese nombramiento. Pero en esos pocos casos que he aceptado, he entendido dos cosas: que el padrino adquiere una especie de parentesco y autoridad espiritual con la familia del ahijado, pero que el ejercicio del padrinazgo está restringido a los casos en que el ahijado, o su familia, lo solicitan. De hecho, me llevé un soberano chasco la vez que, junto a mi esposa, quisimos ayudar a salvar el matrimonio de unos ahijados, sin ser solicitados.
Hace un año publiqué en la revista venezolana Analítica, a pedido de los editores, una reflexión sobre la supuesta injerencia de Hugo Chávez Frías en Bolivia en la cual presenté, mediante ejemplos concretos, una lectura de las relaciones de los presidentes venezolano y boliviano en términos de padrinazgo más que de intromisión. En breve, Hugo Chávez habría apadrinado políticamente a Evo Morales, más joven e inexperto, con el fin de brindarle protección internacional, apoyo en su formación e introducción en círculos reservados. Concluía ese artículo dejando sentado que un buen padrino sabe hasta cuándo intervenir en la vida del ahijado y un ahijado maduro trata de independizarse lo más pronto de la tutela del padrino.
Hoy, después de escuchar las ni tan veladas amenazas de intervención armada lanzadas por el polémico padrino, considero que mi tesis ya no es defendible, debido a que el supuesto padrinazgo se ha distorsionado profundamente.
En consecuencia, para caracterizar esa relación, que la oposición al MAS tilda de injerencia imperialista, mientras los partidarios del Gobierno la justifican como una reacción a la descarada intromisión que siempre tuvo la Embajada, sugiero introducir un nuevo término que es el ´padrinalismo´.
Es evidente la asociación de ese término con el paternalismo, actitud condescendiente de una autoridad hacia el inferior, generalmente más joven. Es el caso de los políticos que conceden dádivas a los ciudadanos fruto de su benevolencia, para no decir corrupción, y no de la ley. En síntesis, el paternalismo es un exceso de la actitud del buen padre que busca lo mejor para sus hijos sin considerar sus reales necesidades y deseos.
De la misma manera, el padrinalismo es el exceso de la actitud del padrino que se siente obligado a intervenir a favor del ahijado, sin que nadie se lo pida, sin reparar en que el ahijado es tal vez más maduro, consciente y capaz de lo que el padrino sospecha. Es en el fondo una forma de desprecio, con tintes racistas, hacia la capacidad del ahijado de valerse por sí mismo, bajo el pretexto del parentesco ideológico y político que se pretende ejercer perennemente.
En estas condiciones, alguien debería aconsejar al ahijado que se plante, diplomática, pero firmemente, ante el ´padrinastro´, le muestre su voluntad de actuar por sí mismo siguiendo su propia identidad y, si el otro sigue queriendo meter la nariz y la boca unilateralmente en los asuntos del ahijado, le diga en la cara, sin ambages: ´Callateps, jefazo, y dejame actuar por mi cuenta´.
*Francesco Zaratti es físico.
Gimnasia electoral sin soluciones
La gimnasia electoral que tendremos los bolivianos en los siguientes meses, ¿solucionará los problemas políticos que agobian al país? ¿No se trata más bien de eludir los problemas por cálculos políticos de corto plazo?
Unión sudamericana
La próxima semana, Brasilia será la sede de un encuentro de presidentes y jefes de gobierno sudamericanos. Se busca formalizar la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).
Nada de referendos revocatorios
O Bolivia se forma y conforma alrededor de una renovada y hasta nueva manera de hacer política, o no se formará nunca ni menos conformará nada.
Farsa democrática
Este es un país de farsantes y de simuladores en todo sentido. Además que de cojudos, como escribí hace algunos años en esta misma columna. Aquí no se salva nadie(s).