Mientras las 59 fraternidades recorrieron el trayecto desde la avenida Baptista hasta la Simón Bolívar, miles de familias se acomodaron en los asientos, graderías y aceras de la ruta para disfrutar de la fiesta folklórica.
“Desde hace más de 20 años que vengo a ver la entrada. Y como siempre, vengo con mis hijos y ahora mis nietos”, contó Genoveva Mamani, de 48 años.
Del mismo modo, Juan Quispe (23) acudió a apoyar a su ex colegio, el Ayacucho, cargando en brazos a su bebé de tres meses como “lo hizo hace añadas mi viejito”.
Las familias no sólo disfrutaron del espectáculo folklórico, sino que también aprovecharon para probar las delicias que ofrecieron los vendedores ambulantes: sajtas, chicharrones, charquekán o sándwiches, todo regado con cerveza y refresco, o que llevaron ellos mismos.
Pero no fueron sólo las familias las que acudieron a la cita folklórica, sino también grupos de amigos que asistieron para apoyar a sus parientes, conocidos o a su colegio, mientras que no faltó el eventual curioso que miró de lejos las coreografías en una breve pausa de sus actividades.