En la festividad también participaron extranjeros Ataviado con el traje de los Jalq´as Laikas, Pit, originario de Alemania, fue uno de los cerca a 15 voluntarios extranjeros de la Fundación Arco Iris que participaron de la entrada. “Me gusta mucho el folklore boliviano, además que disfruto con la danza”, indicó Pit. A lo largo de la ruta del Gran Poder varios turistas se apostaron en las graderías para ver el espectáculo.
Los techos de los buses sirvieron de platea Las aceras de las vías por donde transitaba la entrada se colmaron de espectadores, obligando a muchos a encontrar soluciones alternativas para poder observar a las fraternidades. En la intersección entre las avenidas Max Paredes y Buenos Aires un bus sirvió de platea para quienes llegaron tarde y no pudieron ubicarse en una gradería. El costo era de 10 bolivianos.
Las tiendas de la Eloy Salmón no abrieron Pese a que en sus inmediaciones la actividad comercial fue intensa, las tiendas de la calle Eloy Salmón permanecieron cerradas durante la jornada. Algunos visitantes comentaron que el día de la entrada es el único en que los comerciantes de esta calle dejan de trabajar. Sólo algunos puestos ofrecieron películas, equipos de DVD y cámaras digitales.
Cada vez son más las mujeres que participan “Es aburrido danzar en el papel tradicional. No te mueves mucho, lo más que haces es enseñar tus piernas. Pero como guía, el baile es mucho más dinámico y entretenido”, comentó María (23 años), de la fraternidad Caporales Simón Bolívar, una de las muchas mujeres que bailó ayer de ´caporala´, danza en cuyos orígenes al inicio sólo participaban hombres.